casa en Corrubedo, Galicia, 1996-2002

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El arquitecto británico David Chipperfield decidió construir en 1996 su casa de veraneo en un pequeño pueblo al norte de España, Corrubedo. Con una espectacular vista a la ría de Arousa y al puerto, Chipperfield ha levantado su casa de verano.

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La casa se alza en la calle principal del pequeño pueblo de pescadores de Corrubedo. Situado en el extremo septentrional de una gran bahía protegida, en la costa atlántica de Galicia, el solar ofrece unas vistas espectaculares del puerto, con el mar detrás. A diferencia de los otros edificios que bordean la bahía, y que dan la espalda al océano, la casa pretende sacar el máximo partido de las vistas que su peculiar ubicación le ofrece, orientando todos sus espacios interiores hacia el mar.Contemplada desde el agua, la variopinta colección de edificios de Corrubedo ofrece un aparente perfil de pueblo —una estrecha banda de edificios que, aunque compuesta por casas de alturas y geometrías diferentes, todavía presenta una disposición sólida y uniforme—. Al introducir una nueva casa —con diferentes prioridades— hubo que considerar cuál era su lugar dentro de este muro de edificios. Por tanto, y buscando esta sensación de continuidad, la casa se asienta sobre una sólida base de piedra y hormigón, quedando su volumen superior, al igual que el de las casas vecinas, perforado por pequeñas ventanas. A modo de estante, situado entre estas dos condiciones, un enorme ventanal que recorre toda la anchura de la casa proporciona vistas panorámicas sobre la playa y la bahía.Más que resistirse a las geometrías de su entorno, la casa las incorpora a su propia forma. Esta estrategia se hace más aparente en el lado de la calle, donde el edificio entra en colisión con las geometrías de las casas vecinas, integrándolas en su composición formal. En el interior, esta pauta se repite en las escaleras, los dormitorios y las zonas de estar, que se articulan en base a geometrías diferentes, mientras que en la parte superior de la casa —introduciendo un perfil propio, de carácter más orgánico— una amplia terraza cubierta enmarca una visión protegida del mar. Desde esta terraza, la casa parece mantener una evidente sensación de continuidad con el resto de la bahía, pero al mismo tiempo su silueta, sus espacios angulares y sus muros blancos ofrecen la imagen de algo nuevo y sorprendente

David Chipperfield para EL Croquis

 

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  • Planta baja – Nivel playa

Un pedestal pétreo, incorporado a las rocas de la costa, acoge unos dormitorios-camarotes, en la planta baja semienterrada, a los que se puede acceder desde el exterior, a través de una rampa que los comunica directamente con la playa.

  • Primer piso – Nivel calle

En la primera planta, abierta al mar, se sitúan los espacios colectivos de la familia, como la sala, comedor y cocina, en un ambiente diáfano. A través de su frente acristalado, que abarca la totalidad de la fachada a este nivel, de medianera a medianera y de forjado a forjado, se siente uno como en un navío en medio de la bahía.

  • Segunda planta

Arriba, los dormitorios se enlazan a una generosa terraza privada que enmarca el paisaje, única expresión de individualidad que muestra la fachada y un guiño de su autor.

  • Azotea y estudio

Termina la vivienda en una terraza mirador en la azotea con un estudio, donde volvemos a encontrar, junto a un banco, un asador que nos recuerda la importancia de los matices en estos ámbitos tan relacionados con la vida íntima de la familia.

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Corrubedo

En búsqueda de un solar en venta, el matrimonio Chipperfield encontró por fin uno que, a modo de una fisura en la calle mayor, se encontraba justo a unos cuantos metros frente al mar. Aunque este primer frente de viviendas construido en los años 60 cuenta con la posibilidad de abrir un frente al mar y otro a la vida urbana que genera la calle principal; debido a las fuerzas inherentes del mar, las casas responden a tipologías que muestran preferencia por la ciudad. Todas ellas abren sus huecos y balcones a la calle mientras que, por el contrario, se protegen del mar reduciendo sus ventanas a pequeños orificios.

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El hecho de tener a su propia familia como cliente le hizo a Chipperfield disfrutar de una libertad excepcional, hasta el punto de verse obligado a redefinir sus pautas de trabajo. ¿Qué debía interpretar? Sin presión alguna hacia un estilo o una forma determinada, le era más relevante pensar sobre la arquitectura desde el interior de la vivienda. Es decir, reflexionar sobre la condición humana y las relaciones que determinan la arquitectura, la conexión entre el habitante y la experimentación del espacio. Ya, desde el principio, como sucede en el resto de sus proyectos, Chipperfield buscó la creación de espacios generados a partir de sencillos rituales domésticos: tomar el desayuno, leer un libro, cocinar o contemplar el mar. Consistiría en una arquitectura-escenario que no atrajese la atención, aunque uno sintiese siempre su presencia.

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detalles

Absorbiendo los poderes del mar
El mar se convirtió en el elemento central de la interpretación; su poder y atracción deberían disfrutarse al máximo durante las vacaciones de la familia. Como consecuencia, y al contrario de las casas vecinas, los espacios interiores de la vivienda debían enfocar hacia la bahía y su puerto, protegiendo su intimidad de la calle mayor con una fachada prácticamente ciega.
La casa se estructura en cuatro niveles. A unos cuantos metros de la playa, una rampa conduce desde las rocas directamente a los dormitorios de los hijos, con habitaciones que recuerdan a los camarotes de los barcos. Sobre esta planta se ubica el estar, con todo su frente de vidrio que mira al mar. Le sigue otro nivel de dormitorios y, en lo más alto, una terraza que, protegida por el estudio, sobresale hacia el Atlántico como queriendo alcanzarlo. Cualquier cerramiento que pudiese obstruir la visión se disuelve en la terraza de la cubierta, donde la familia prepara la barbacoa como si estuviese en la cubierta de un barco.
La memoria del pueblo permanece en la vida en torno al mar. En este escenario, el mar es el elemento de unión entre el pasado y el vivir en el presente. Esta poderosa fuerza natural también determina el exterior de la casa, la selección de materiales y la disposición de los espacios interiores. La solidez de la piedra en la base de la casa se enfatiza con la ingravidez del cristal del siguiente piso, una sensación de ligereza que se hace más intensa al desvanecerse la casa en su cubierta.

continuidad
Aun respondiendo al mar, la casa de Chipperfield consigue integrarse entre las mismas construcciones vecinas que de él se protegen. Mantiene armonía con las alturas, materiales y colores de esas viviendas de la calle mayor pero, en lugar de repetir sus geometrías, las incorpora a su propia forma mediante unas líneas irregulares que responden a la siempre cambiante superficie del agua, y que acompañan a la silueta quebrada del frente de Corrubedo. Es un proyecto surgido al incorporar la reflexión del visitante, la del arquitecto y su familia al mostrar la actitud ser “una parte y aún así estar aparte” de su entorno. Para Chipperfield no fue cuestión de inventar nuevas formas sino de formular un diálogo entre el lugar y los recién llegados.

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Stefano Core - David Chipperfield

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fuentes:

Historias de casas

fotos b&n de Hélène Binet

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Un pensamiento en “casa en Corrubedo, Galicia, 1996-2002

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