Arne Jacobsen en BELLEVUE

Bellevue strandbad

Sådan så Bellevue ud i gamle dage 1936. Teaterforestilling på Bellevue Teater.

Bellevue, anno 1938. A young woman in bathing suit. Photo: Sven Gjørling

Sommeren nydes på stranden. Badeliv ved Øresund, Bellevue, anno 1938. Kvinde sidder i sandet og læser. Fotograf: Sven Gjørling

Old Times at Bellevue Beach in Copenhagen

Bellevue isn’t just any old beach. In 1931, Arne Jacobsen was invited to enter a competition for a bathing area as part of Gentofte Municipality’s overall plan for the area. The beach is 700 meters of sandy shoreline behind which is a small park with trees. The whole beach, park and surrounding area have played a key role in recent Danish cultural history, and it’s only a5 minutes’ walk from Klampenborg Station near Bakken. In the summer of 1932, Bellevue Beach with its changing rooms, lifeguard towers and elegant, metal-sheeted kiosks, opened to paying bathers, designed by Arne Jacobsen, who won the competition. And the beach itself is still one of the most popular in the Copenhagen area. It’s a great choice on really warm days because of the welcoming shade provided by the trees, and Jacobsen has designed everything down the smallest detail. Bellevue Beach was an early example of a consistent branding strategy. As soon as the water and sand reach the appropriate temperature, the season’s latest swimsuit fashions are aired at Bellevue, as it did in 1932. The artificial beach was quickly nicknamed ‘the flypaper’ because bathers often were squeezed so closely together. Today, it is not just the Sound’s waves that attract people. Copenhageners have always loved Bellevue Beach. First they flocked to it on the boats that crossed regularly from Copenhagen to Klampenborg, then from 1934 on the newly opened suburban electric railway. The two beach-volleyball courts are particularly popular, and now as then  people shelter from the sun under the trees, spread out blankets for picnics and relax with a book. The sweet life has come within reach of the masses. Old Times at Bellevue Beach in Copenhagen, written by Tor Kjolberg

Bellevue, anno 1938. Summer holiday at the beach. Boys playing in the sand. Photo: Sven Gjørling

Beach life on Bellevue. Young people are playing with a huge beach ball. Photo: Mogens Amsnæs

On a hot day at Bellevue , the holidaymaker queuing up for hot dogs. Photo: Birthe Melchiors

A summer sunday at Bellevue Beach. The beach is flypapered with people. Photo: H. G. E. Aue

Bellevue Beach, anno 1938. Summer holiday at the beach. A family enjoying the weather. Father wearing a bathrobe. Photo: Sven Gjørling

A hot summer’s day at Bellevue Beach. Photo: Olaf Ibsen

Bellevue Beach 1951: Lines of tents for change of dresses. Photo: Walther Månsson

Bellevue Beach anno 1945. Photo: Unknown

Bellevue, anno 1938.; People are enjoying a lovely day on the beach of Bellevue.Photo: Sven Gjørling

A summer sunday at Bellevue Beach. Two bikini dressed women standing posing in front of the changing tents. Photo: H. G. E. Aue

Bellevue, anno 1938.; People are enjoying a lovely day on the beach of Bellevue north of Copenhagen.

Sådan så Bellevue ud i gamle dage 1948. Pantomimeteater på Bellevue. Fotograf: Erik Fut Jensen

Summer holiday at the beach. A family enjoying the water. Photo: Sven Hjørling

Denmark, Klampenborg: A hot day on Bellevue beach anno 1952 north of Copenhagen. A young woman reading leaned against a commercial for chewing gum.. Photo: Sven Hjørling

Bellevue, anno 1938. Father and son playing. Photo: Sven Hjørling

Bellevue, Klampenborg, Copenhagen

Bellevue, Copenhagen, 1941

 

“Pronto te darás cuenta de que soy un poco obsesivo con mi trabajo. Y eso es un poco triste, a menudo se siente extrañamente limitado, al no encontrar tiempo para cocinar a fuego lento, a pesar de que uno realmente tiene muchos intereses.”

Arne Jacobsen

Acuarela de Jacobsen para el pabellón de entrada al complejo de instalaciones para la playa Bellevue en Klampenborg (1931).

Acuarela de Jacobsen para el pabellón de entrada al complejo de instalaciones para la playa Bellevue en Klampenborg (1931).

En los años 30 Jacobsen comienza a construir una serie de proyectos para la playa de Bellevue en  Klampenborg, al norte de Copenhague:

  • urbanización de apartamentos Bellavista  (1933-34) que es ampliada con posterioridad en los años 50 con un nuevo ala y un conjunto de viviendas patio y con otra urbanización  de viviendas, Soholm, que va completando en diversas etapas, y donde el arquitecto construye su propia casa.
  • Teatro de Bellevue (1935-36), posteriormente reconvertido en cine.
  • Estación de servicio de Skovshoved, Copenhague (1937)

 

Bellevue, el “sueño de verano” de Arne Jacobsen (Rodrigo Almonacid C. ) A principios de 1931 Arne Jacobsen ganó el concurso convocado por el municipio de Gentofte para proyectar las nuevas instalaciones para la playa de Bellevue en el sitio de Klampenborg. Situado a muy pocos kilómetros de la capital de Dinamarca, el lugar había sido recientemente alterado al haber desviado el trazado del Strandvejen, la carretera que discurre por el litoral oriental de la isla de Sjælland. El espacio liberado entre la orilla del mar y el nuevo Strandvej iba a convertirse en un nuevo parque urbano diseñado por el maestro paisajista C.Th.Sørensen.

El ayuntamiento se proponía dar servicio a 12.000-15.000 personas cada día en su nueva playa, y más tras el impulso de la conexión de Klampeborg-Copenhague a través de nuevos barcos de mayor tamaño y de la nueva línea de tranvía. Para su diseño, Jacobsen debía considerar albergar unas instalaciones de vestuarios, aseos y algún puesto de venta, aunque acabaría diseñando muchos más edificios. En apenas unos 6 años más acabaría completando todo un conjunto arquitectónico.

…frente al rígido formalismo funcionalista, Jacobsen encontró aquí la ocasión de mostrar una versión mucho más amable para esa estética moderna que acababa de ser institucionalmente aceptada en los países nórdicos tras la celebración de la Exposición Internacional de Estocolmo de 1930 dirigida por E.G.Asplund, con quien Jacobsen mantenía una fluida relación profesional y una amistad personal como discípulo aventajado que el maestro sueco reconocía en él. La alegría de aquella exposición pareció trasladarse a Bellevue, y Jacobsen ideó un repertorio formal donde el rígido Sachlichtkeit se plegaba a fórmulas más joviales y espontáneas mediante colores y formas igualmente limpias pero sin esquematismos. Los formas respondían a su función eficazmente, sí, pero su expresión reflejaba esa joie de vivre de las vacaciones estivales, ese gozo relajante de del sol y el mar. Aquella ironía y espontaneidad con que había impregnado a sus modernas creaciones efímeras para la “Exposición de Construcción y Vivienda” en el Forum de Copenhague en 1929 (el bar C.L.O.C. y su “Casa del Futuro“) se respiraba en Bellevue por doquier, haciendo cómplices de ellas a sus usuarios.

… los colores mostraban la juventud un arquitecto que entonces apenas contaba con 29 años cuando empezó a proyectar Bellevue.

Arne Jacobsen: Plano original del conjunto de edificios proyectados para Bellevue (noviembre de 1935). Leyenda: (0) Antiguo Hotel de la Playa existente en Klampenborg. (1) Pabellón de acceso al recinto de playa. (2a/2b) Vestuarios femeninos/masculinos. (3a/3b) Aseos femeninos/masculinos. (4) Club de piragüismo. (5) Escuela de hípica ‘Mattsson’. (6) Torre-mirador con el restaurante giratorio no construido. (7a/7b) Teatro ‘Bellevue’ y restaurante adyacente. (8) Bloque de apartamentos ‘Bellavista’. (9) Futura ubicación del residencial ‘Soholm’ donde Jacobsen ubicaría su casa-estudio en 1951.

Teatro de Bellevue y restaurante adyacente (1935-36)

Bellevue Strand: Si queremos hacer una excursión bucólica por los alrededores de Copenhague y, de paso, darnos un baño, Klampenborg es nuestro destino. Klampenborg está situado al norte de Copenhague, a unos 12 kilómetros del centro, en un entorno natural en el que destaca el parque Dyrehaven, muy conocido por los ciervos que se pasean por él. Allí se encuentra la conocida como Bellevue Strand. La playa en sí no es excesivamente buena, ya que la zona de arena no es muy grande; pero cuenta con una gran explanada de césped junto a ella, que es genial para quien no le guste la arena o para montar un improvisado picnic con las populares barbacoas desechables. Se tarda una hora en bicicleta a un ritmo tranquilo o unos 30 minutos en el S-Tog.

© inma fernández ,2011

interior og detail af forskydeligt tagbellevue-teatret, klampenbirg, danmark, 1936

beelevue-teatret, indgangsparti, klampenborg, danmark, 1937

El teatro Bellevue está situado a las afueras de Copenhague; inaugurado en 1936 con diseño de Arne Jacobsen, está considerado uno de los mejores ejemplos de la arquitectura Bauhaus en Dinamarca y sin duda uno de los mejores trabajos de Arne Jacobsen. Conocido como un modernista extremadamente perfeccionista para quien los detalles eran importantes, logró crear diseños eternos.

El cuidado del detalle fue el leitmotiv de Arne Jacobsen en todos los aspectos de un teatro en el que dejó su huella absolutamente en todos los aspectos; desde la forma del teatro a los tejidos, lámparas y mobiliario.
Hacia la carretera, su fachada cóncavo-convexa se convierte en un gran telón publicitario, con una marquesina dinámica que parece servir de cobijo a quienes llegan allí en un vehículo moderno; el patio de butacas se convierte en un mar con suave oleaje, haciendo una metáfora de las olas con las formas onduladas con que se trazan en continuidad los respaldos de las filas de asientos; las paredes se tapizan con textiles (de material ignífugo y fono-absorbente, eso sí) de franjas blancas y azules, sugiriendo un aire de acampada veraniega que se reforzaba por la posibilidad de disfrutar del cielo estival al construirse un techo corredizo motorizado sobre los espectadores. (Rodrigo Almonacid C. )
Como dato revolucionario hay que considerar que este teatro de 1936 ya contaba con un techo retráctil: fue la manera que tuvo Arne Jacobsen de traer la brisa del mar y del bosque al propio teatro para que la propia naturaleza también fuese parte de la experiencia de acudir al teatro. El efecto de perplejidad y la atmósfera veraniega debieron ser en su día verdaderamente impresionantes.

apartamentos Bellavista  (1933-34)

© inma fernández ,2011

Estación de servicio de Skovshoved, Copenhague (1937)

© inma fernández ,2011

Ampliación de la urbanización Bellavista: nuevo ala de viviendas y conjunto de casas patio

© inma fernández ,2011

Residencial ‘Soholm’

SOHOLM I

 

En esta urbanización fue donde Jacobsen ubicaría su casa-estudio en 1951.

 

Planta del jardín doméstico de la casa de Jaocbsen en “Soholm I”, colección botánica de unas 92 especies distintas.

 

SOHOLM II

SOHOLM III

Arne Jacobsen

11 de febrero de 1902- 24 de marzo de 1971

Considerado el padre del diseño moderno danés, Arne Jacobsen llevó a cabo la más personal y fructífera interpretación del funcionalismo, aplicándolo a la estética tradicional de su país y creando así un estilo moderno que ha trascendido lugares, épocas y modas. Uno de los más destacados arquitectos y diseñadores industriales daneses del siglo XX, Jacobsen introdujo la arquitectura moderna en Dinamarca, aportándole versatilidad y una clara comprensión de las funciones del diseño.

Nærum kostskole, 1910. Fra venstre: Flemming Lassen, Mogens Lassen, Hans Bretton Meyer, Gert Ditlev-Jørgensen, Arne Jacobsen.

Arne Jacobsen, nacido en 1902, hijo de Johan Jacobsen y Pauline Jacobsen su padre era un comerciante al por mayor de imperdibles y botones de presión, su madre fue empleada de banca y  pintada motivos florales en su tiempo libre. La familia vivió en Claessensgade, Copenhague, en una típica casa de estilo victoriano. Arne se formó como albañil, se graduó en 1924 en la Escuela Técnica y continuó sus estudios en la Real Academia Danesa de Bellas Artes (Kongelige Danske Kunstakademi) de Copenhague , donde se graduó en 1927. Varios diseñadores y arquitectos daneses famosos comenzaron su carrera profesional en oficina de arquitectura Arne Jacobsen, entre otros, Jørgen Møller, Hans j. Wegner, Peter Karpf y Jorgen Gammelgaard. Crea su propio estudio en Hellerup. En 1927 se casó con Marie Jelstrup Holm (Marie Jelstrup Jacobsen) con la que tuvo dos hijos, Johan Jacobsen y Niels (Kevin) Jacobsen.

En 1928, entre otros proyectos, ganó la medalla de oro de dicha academia por el proyecto “Para un Museo Nacional” en Klampenborg. Compaginó sus estudios con el trabajo en el despacho Fiskers Architects y, entre 1927 y 1929, entró a trabajar en el estudio de arquitectura de Paul Holsoe. Sus primeras obras son el reflejo de la tradición danesa, del estilo conocido como Neoclasicismo Nórdico, con volúmenes puros, cubiertas a dos aguas y fachadas de ladrillo con hiladas de distinto color. Pero pronto su estilo romántico-nacional se impregnó de las influencias de la Bauhaus y el Funcionalismo.

Fue pionero del diseño moderno en Dinamarca, con su obra “La casa del futuro” diseñada junto con Fleming Lassen en 1929.

Flemming Lassen og Arne Jacobsen i muntert lag.

Jacobsen fue arquitecto, interiorista y diseñador de mobiliario, tejidos y cerámica desde 1930, cuando fundó su estudio, hasta su muerte en 1971 (incluso durante la II Guerra Mundial, durante la cual, exiliado en Suecia, se dedica al diseño de objetos). En 1943 Jacobsen tuvo que huir a Suecia por su origen judío. Aquí vivió con su segunda esposa, Jonna Jacobsen , artista textil, y junto a ella se dedicó a dibujar patrones y crear diseños de textiles y papeles pintados. En Suecia fortaleció contactos con otros diseñadores prominentes sueco y finlandés, incluyendo el diseñador finlandés Alvar Aalto. En 1945 regresó a Dinamarca tras el final de la segunda guerra mundial.

De 1956 a 1965 fue profesor de Arquitectura en la Real Academia Danesa de Bellas Artes. Las obras de Jacobsen reflejan un “regionalismo crítico”, en el que las técnicas tradicionales se enfrentaban a sus ideas funcionalistas. Esta combinación dio lugar a una estética personal, que adecuó a la escala, detalle y programa de cada proyecto.

 

Entre sus obras arquitectónicas destaca el edificio para la terminal aérea SAS y el Royal Hotel de Copenhague, realizados entre 1956 y 1960, y en los que intervino en cada detalle: tapicería, la iluminación, etc.,  y la sede del Banco Nacional de Dinamarca en Copenhague.

Su diseño es elegante y esencial, tanto en arquitectura como en objetos de uso cotidiano y muebles. El diseño de sus muebles se ha convertido en un clásico y entre sus creaciones destacan la silla Hormiga, de 1951, y las sillas Cisne y Huevo, que fueron diseñadas para el hotel SAS.

Es conocido por la llamada “Silla Número 7“, que es la silla modelo 3107 de 1955. De ella se vendieron más de 5 millones de copias.

También famosos son sus cubiertos de diseño, diseña cucharas para ambas manos que aparecen en la película 2001: Odisea en el Espacio siendo elegidas por su diseño futurista.

Durante los últimos años de su vida, Jacobsen consiguió imponerse como uno de los arquitectos más significativos de Europa mediante una serie de edificios célebres, construidos, entre otros países, en Inglaterra y en Alemania, como pueden ser el Saint Catherine´s College, en Oxford (1966), y la Embajada Real Danesa en Knightsbridge, Londres (1969-1977), así como el Ayuntamiento de Mainz, en Alemania (1970-1973).

Arne Jacobsen falleció el 24 de marzo de 1971, a los 69 años de edad. Sus últimas palabras pronunciadas en público apenas un mes antes de su fallecimiento, al responder acerca de si pensaba acabar convirtiéndose en emérito:

“No, si sigo con buena salud; espero ver terminado el Banco Nacional en unos seis o siete años. Por lo demás, me voy a dedicar a mi jardín, quizás acabe mis días como un viejo jardinero”.

Sobre forma y diseño en la actualidad (1963)

Conferencia del profesor Arne Jacobsen con motivo de la concesión del premio Fritz Schumacher 1963, de la Fundación F.V.S. de Hamburgo, en la Escuela Técnica Superior de Hannover el día 6 de diciembre de 1963.
Como joven estudiante de arquitectura aprovechaba cualquier oportunidad para viajar a Alemania siempre que el poco dinero del que disponía me lo permitía, entusiasmado por la cultura alemana con profunda admiración por la Bauhaus de Dessau. En aquel entonces nunca habría soñado que aquí se prestaría atención a mi obra. Esto ocurrió por primera vez durante el tercer Reich, cuando por desgracia tuve que abandonar mi patria y, por segunda vez en esta ocasión, lo cual me emociona profundamente. ¡Sí!, los tiempos cambian con rapidez. Tal como se ha dicho a menudo (aunque nunca demasiado a menudo) ha de aumentar la confianza entre las personas, pero no a través del aislamiento y a posteriori, sino a través de la colaboración y el intercambio de ideas…
Las posibilidades de colaboración entre naciones nunca han sido tan grandes como hoy en día. La técnica moderna nos ayuda a alcanzar una visión más amplia de los problemas mutuos y con ello una mejor comprensión de los demás. Aspiramos a una sociedad universal y esperamos que el egoísmo de las personas disminuya de generación a generación. Los intercambios mundiales ayudan a superar los obstáculos nacionales. Esto no quiere decir que se vayan a eliminar las particularidades culturales nacionales y regionales, bien al contrario, deberíamos colaborar para protegerlas. No será tan difícil, ya que precisamente apreciamos lo ajeno, las cerezas del jardín del vecino. Esta visión es optimista pues en la actualidad hay muchos indicios que apuntan en sentido contrario, aunque, en nuestra profesión, tenemos que creer en un desarrollo positivo del futuro, ya que sólo sobre esta base podemos seguir construyendo.
Muchos piensan que para ser un buen arquitecto hay que tener también una filosofía propia. Creo que no es necesario, pero sé la facilidad con la que un periodista “ayuda” a un arquitecto empujando a tomar un posicionamiento filosófico. Esto lo he podido observar reiteradamente y, si hoy me preguntaran, seguramente les respondería que no tengo una visión filosófica completa. Creo que es algo peligroso, un obstáculo para una comprensión natural y arquitectónica, un distanciamiento de la realidad, un edificio intelectual que envejece demasiado rápido y que podría hacernos perder el contacto con el mundo en el que ahora vivimos. La filosofía arquitectónica se puede convertir con demasiada facilidad, en algo a lo que uno se apega para asegurar su propia visión, una almohadilla sobre la que se puede dormir estupendamente.
Las ideas defendidas por la Bauhaus hace 35 años aún son válidas en la actualidad. El funcionalismo, gracias a Dios, aún sigue vivo, y si lo abandonamos es fácil que acabemos en el peligroso camino que conduce a la arquitectura sin finalidades (zwecklos). Peligroso, porque la arquitectura es un tipo de arte condicionado (gebunden) y ha de seguir siéndolo. Muy pocos grandes talentos han conseguido crear verdadero arte haciendo abstracción de la función, pero en este caso, ¿no se supera la frontera entre arquitectura y escultura? He manifestado que en realidad no tengo una filosofía especial, quizá no sea del todo cierto. Las ideas de la Bauhaus sobre la relación entre función, técnica y estética están tan arraigadas en nuestro pensamiento, en nuestro trabajo y en nuestras convicciones internas que, en la actualidad, son la base sobre la que trabaja cualquier arquitecto honrado.
Vivimos en una época en que el sobrio funcionalismo aún se manifiesta con mayor fuerza que en los años 20. Pienso en la construcción industrializada. Aunque se plantea la duda de si este campo, que aún se encuentra en su estadio inicial, en el futuro lo cultivarán los arquitectos o sólo los ingenieros. Creo que los arquitectos nos tenemos que involucrar en él. Nos tenemos que enfrentar a este problema y profundizar en este trabajo. Abandonarlo sería renunciar a un campo de importancia vital y tendría graves consecuencias. Sólo nos quedarían aquellos proyectos monumentales en los que la prefabricación no fuese rentable. La construcción de edificios de viviendas, oficinas y fábricas se aleja del diseño artístico. En Dinamarca ya se construyen industrialmente hospitales, escuelas y universidades que, si bien han sido proyectados por arquitectos, están sometidos a los condicionantes económicos de la construcción. Nuestros fabricantes exportan una buena cantidad de casas prefabricadas, sin fantasía ni espíritu, aunque técnicamente satisfactorias. En Dinamarca estas casas aún no pueden competir en cuanto a precio con la construcción convencional, pero aparentemente sí pueden en el extranjero, lo cual seguramente se debe a la cotización de nuestra divisa. Si hablo de este tema es para advertir a mis colegas alemanes de los peligros que implica retrasar el momento de involucrarnos en este campo, y recomiendo encarecidamente afrontar estos problemas en la enseñanza para que nuestros jóvenes, bien preparados, resuelvan estos importantes problemas junto con los ingenieros, e incluso puedan reconquistar una parte del terreno perdido hasta ahora.
Hace unos años se criticaba, con razón, la falta de planificación urbana. En general, esto ahora ya no es necesario, aunque también hay que decir que se empiezan a encontrar algunos planes que han sido víctimas de la prefabricación: lo más barato es hacer que las grúas de montaje avancen en línea recta y, por lo tanto, ¡se hacen avanzar en línea recta! ¿Por qué en una época en la que circula tanto dinero se sobrevaloran tanto las medidas de ahorro económico llegando a sacrificar la calidad, sobre todo de aquellos aspectos que no son cuantificables materialmente?
En la construcción prefabricada tiene una importancia decisiva reducir al máximo el número de elementos distintos. Es “ideal” que sólo haya dos o tres elementos diferentes- y entonces el trabajo del arquitecto sólo consiste en “combinarlos” adecuadamente. Pero, por ejemplo, si a un niño le quitamos las piezas de su juego de construcción y sólo le dejamos dos o tres, enseguida perderá interés en el juego. A pesar de estas tristes perspectivas de futuro no podemos volvernos de espaldas y condenar la nueva manera de construir tal como han hecho, por desgracia, algunos arquitectos; seríamos reaccionarios. Nuestro trabajo ha de consistir en concentrar nuestros conocimientos y nuestros esfuerzos en uno de los campos más importantes de la arquitectura, el de las proporciones. Cuando se trata de combinar muchos elementos iguales crece la importancia de las proporciones. La creciente implantación de las nuevas técnicas de prefabricación es insatisfactoria estéticamente y creo que, en parte, se debe a que no se ha ofrecido la oportunidad de colaboración a los buenos arquitectos.
Antes criticaba la monotonía de determinados planes urbanísticos y ahora quiero ensalzar el trabajo positivo de determinados organismos en la mejora de la accesibilidad al paisaje con fines de ocio y descanso. Se abre el paisaje mediante nacionalizaciones o gracias a la generosidad de los propietarios, y con ello se ofrece a la población la posibilidad de disfrutar de la naturaleza. Pero, ¿se toman suficientes medidas para despertar una conciencia social que impida que esta población se convierta en una “plaga de la naturaleza”? Las prisas en nuestras ciudades aumen tan día a día, se huye de ellas para relajarse, pero una vez en el campo encontramos radios portátiles en vez de ruiseñores. En los lugares de mayor belleza se organizan lugares de acampada. Las tiendas son de color rojo, naranja o azul y de tonalidad chillona, lo cual no responde al entorno. En la elección de colores cada vez más llamativos se busca manifestar el propio gusto personal. Esta imagen, ya de por sí fea, aún empeora más debido al color plástico de los demás elementos del camping. Es incomprensible que se hayan relegado los bonitos y tranquilos colores grises y marrones, establecidos con métodos científico-militares para subordinarse a la naturaleza. El exceso de contraste entre colores primarios, tal como encontramos en la actualidad, amenaza con embotar nuestra sensibilidad natural de los colores.
Piensen en las diapositivas a color. Los cuatro colores los vemos tal como nos los ofrecen los fabricantes de películas. Por ejemplo, un cielo Agfa, Ferrania o Kodak, es uno más bonito que el otro y todos ellos son completamente diferentes. Uno de los colores más inquietantes y ordinarios es el color de los “cerditos de mazapán” que se necesita para reproducir caras, brazos y piernas. Aquí se ha encontrado exactamente el sano color de la carne, que espera el público. ¡Han tomado alguna vez una foto en color de uno de los barrios miserables de una gran ciudad para transmitir a los familiares lo inhumana que puede ser la vida allí? Yo lo he intentado en el Pakistán. Los niños sucios y mal vestidos, las callejuelas más míseras, producen un efecto romántico. Los falsos colores sintéticos muestran lo contrario a la realidad.
De todas maneras esto no es lo más peligroso de la fotografía en color. Creo que, poco a poco, estamos adoptando una concepción equivocada, sintética, de los colores que dificulta la experiencia de la naturaleza pura y pronto ya no estaremos en condiciones de percibir sus valiosos valores. La naturaleza se desvanece ya que inconscientemente la comparamos con las imágenes que tenemos en casa con unos colores mucho más “bonitos” y radiantes. En otras palabras: nos estamos convirtiendo en adictos al color.
Cuando hablaba de la conservación de nuestro paisaje y de nuestras ciudades me he referido al significativo campo de trabajo del urbanismo. En el futuro, este campo debería encomendarse, en gran medida, a los arquitectos, pues de forma lamentable últimamente los políticos prefieren a los ingenieros. Creo que es un error. La estética, que para nosotros los arquitectos es un aspecto fundamental, no puede descuidarse en la planificación de las ciudades y el paisaje. La percepción de un medio es de importancia decisiva, es una disciplina que el urbanista valora. Por ejemplo, los urbanistas han de ocuparse del gran problema del tráfico y aquí encuentro que, debido al afán por crear plazas de aparcamiento, a menudo se olvida la imagen urbana. Donde antes había plazas entre las casas, ahora hay espacios vacíos, sin estructurar, junto a los que se levantan edificios. Las calles peatonales que últimamente están en boga aparentemente han de sustituir el ambiente de las antiguas calles, pero creo que estos conceptos no se complementan.
La pregunta de quién ha de ser el coordinador del trabajo en equipo, necesario para desarrollar los trabajos de urbanismo, se discute lamentablemente con pasión. Vivimos en una época caracterizada por la técnica en la que, por desgracia, no se considera que la estética sea una función. Sólo al amparo de relaciones bien resueltas estéticamente, y no exclusivamente perfectas desde un punto de vista técnico, pueden crecer personas equilibradas, ilusionadas y alegres. Sin embargo, los políticos aún siguen creyendo que la estética es un lujo que no nos podemos permitir. Cuando se descubra el grave error que se comete con ello creo que los políticos admitirán que el arquitecto ha de ser el coordinador de este trabajo de planificación.
En el planeamiento a gran escala no se puede olvidar la vivienda y sus detalles. Si contemplamos los edificios con los que hemos llenado nuestras ciudades después de la guerra hemos de admitir que no hemos ido más allá del punto donde ya nos encontrábamos en la época de la Bauhaus. A pesar de ello, creo que debido a la extraordinaria evolución de la técnica disponemos de materiales de construcción que gracias a su calidad ofrecen la posibilidad de mejorar significativamente la ejecución y revelar con claridad la construcción. Esto es lo que ha llevado a una arquitectura en la que la construcción es el aspecto que domina estéticamente. A veces nos quejamos cuando no podemos mostrar con claridad pilares y jácenas y tenemos que revestir el edificio con una cortina, un muro cortina. Los edificios de oficinas, mejor o peor proporcionados, son el tipo que con mayor frecuencia aparece en nuestras ciudades, quizá demasiado a menudo. El público se ha cansado un poco y nosotros los arquitectos seguramente también. Creo que el edificio con muro cortina, bien proporcionado y bien detallado, se ha convertido en una tipología que presta buenos servicios, sin embargo, creo que por el camino que hemos recorrido hasta ahora no se puede llegar mucho más lejos. Seguro que se ha aprendido de estas edificaciones y en el futuro también se necesitarán en muchos lugares. Fraccionando los largos muros cortina y utilizando las nuevas formas constructivas se podrá dar un aspecto más interesante a esta arquitectura dura y algo rígida.
Hemos visto cómo el brutalismo, por ejemplo, desarrollado en gran parte en Inglaterra y por Le Corbusier, ha mostrado nuevos caminos. No soy ningún gran admirador de este estilo aunque en algunos lugares podemos encontrar ejemplos hermosos. Me produce un efecto al mismo tiempo brutal, paradójico y romántico. Defiendo siempre el funcionalismo puro y tengo que decir que considero a Mies van der Rohe como el arquitecto vivo más importante, y a nosotros, arquitectos que trabajamos normalmente, nos proporciona un ejemplo excelente de cómo se consigue una arquitectura clara, sana y claramente comprensible sin añadidos a la moda.
Esta arquitectura de la que he hablado no abarca la construcción de viviendas que es la tarea más significativa a la que hemos de enfrentarnos. La construcción de viviendas es un concepto completamente supeditado a las exigencias económicas y, lo que aún es peor, a los políticos. Por lo menos así es en Dinamarca. Los políticos imponen un paro a la construcción, lo vuelven a levantar y lo vuelven a implantar. Con ello destruyen el ritmo de construcción necesario para crear un gran número de buenas viviendas en el menor tiempo posible.

La mayor parte de mis consideraciones son pequeños suspiros que expresan mi miedo frente a una desvalorización de la próxima generación de arquitectos. Una desvalorización que, en mi opinión, podemos evitar si sabemos dar a la imprescindible industrialización una aportación humanista para elevar la construcción a arquitectura. Como arquitecto normal quiero decir que ahora es más necesario que nunca ser arquitecto; si uno se siente llamado a ello y se tiene un 10 % de talento y un 90 % de dedicación -hoy en día hay que hablar en porcentajes- creo que se pueden obtener buenos resultados, y en realidad no creo que se pueda pedir más.

Fuentes:

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