Sanatorio antituberculoso Sierra Espuña

Los últimos días del carguero 'Telamón' | Biosfera Digital

Transatlánticos varados

“… mastodónticos cuerpos de los transatlánticos varados”.

T. Mann, La montaña mágica, 1924


Ruiloba Quecedo, Cecilia. Arquitectura sanitaria: sanatorios antituberculosos. Madrid: Escuela Nacional de Sanidad, Instituto de Salud Carlos III, Ministerio de Economía y Competitividad, 2014:

El hospital antituberculoso tiene algo del encanto y el misterio de un mundo perdido, pasado, acabado, de algo que sabemos no volverá a repetirse. Algo que nació, como tantas otras cosas del hombre, sobre débiles bases, que evolucionó con el desarrollo de una enfermedad individual que tuvo el poder de convertirse en una calamidad colectiva y que acabó, inesperadamente, cuando se estableció una terapia efectiva para la enfermedad, que transformó en inútiles unos recursos que poco antes parecían imprescindibles y que tendieron a multiplicarse sin límite. La tuberculosis llegó a ser considerada una enfermedad degenerativa o hereditaria. Hasta 1882 no se identificó (Koch) el microorganismo causal que, en torno a 1900, era la principal causa de mortalidad, que solo mejoró con la mejora de la nutrición y de las condiciones de vida. Hasta que se descubrió la estreptomicina (1947) y otros medicamentos (rifampicina en 1971), no se disponía de un tratamiento eficaz contra la enfermedad.

En general, un aspecto interesante de los hospitales antituberculosos fue el de la elección del lugar, y en especial, las dimensiones del mismo. Otro aspecto, ahora muchas veces obviado, es el de la importancia de las vistas desde las habitaciones de los pacientes ingresados, aspecto esencial en los sanatorios, donde los pacientes experimentaban ingresos de meses, años. El hospital antituberculoso de Paimio (una referencia de primer orden de la arquitectura) de Alvar Aalto, no se entiende sin la vista del lago y del bosque cercano y lejano que se observan desde su fachada sur.

El Sanatorio Paimio de Alvar Aalto está a la venta | Sobre Arquitectura y  más | Desde 1998
Sanatorio Paimio por Alvar Aalto, 1933, Finlandia. Imagen Arnout Fonck/Flickr

Las largas estancias de los pacientes en los sanatorios antituberculosos, requería pensar en las condiciones que debía tener el entorno. Alvar Aalto en 1939 escribió: “Una habitación normal es una habitación pensada para una persona en posición vertical; la habitación del paciente es una habitación que ha de acoger a una persona en posición horizontal, y los colores, la iluminación, la calefacción, etc., deben ser diseñadas teniendo esto en cuenta. En la práctica esto significa que el techo debería ser más oscuro, de un color escogido especialmente por ser la única visión que tiene el paciente, postrado durante semanas y semanas (…) la luz artificial no puede llegar desde un plafón normal de techo, sino que la fuente principal de luz ha de estar fuera del ángulo de visión del paciente…”

Cuando el protagonista de la novela de Bufalino sale del sanatorio (La Rocca, en Caccamo, la Conca d´Oro, 1946) y lo contempla por última vez entre pinos, cipreses y palmeras, recuerda: “Así se me quedaría después siempre en los ojos, la vieja nave desarmada, sin una luz a bordo ni un rumor, a no ser el de una segadora invisible que cortaba la hierba detrás del garaje; así volvería a verla siempre en mis sueños futuros: un pálido palomar, una quilla de barco, encallada para toda la eternidad entre las raíces de las trepadoras, con su carga de ahogados.” aquellos edificios que soportaron tantos naufragios y que desde hace tiempo han quedado varados, suspendidos en la historia. Su trabajo nos recuerda que el mundo no empieza ni termina en nosotros y que podemos aprender de la obra del hombre, desde su aparición hasta su colapso.

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Sanatorio de Sierra Espuña

El primer sanatorio antituberculoso de la historia, el Sanatorio de Göbersdorf, fue fundado por el Dr. Brehmer en Silesia en 1859. La preocupación por la tuberculosis en nuestro país se remonta al año 1751, cuando el Rey Fernando VI mandó crear en el Hospital de la Venerable Orden Tercera una sala independiente destinada a enfermos tísicos, mientras aún en Europa la Ciencia internacional dudaba del carácter contagioso de la tuberculosis. Sin embargo, la muerte por tuberculosis del rey Alfonso XII, en el año 1885, junto a la celebración, en el año 1888, del Congreso de Ciencias Médicas de Barcelona donde se propuso implantar el modelo sanatorial en España, fueron los detonantes de una alarma social que trajo consigo la adopción de ciertas medidas higiénicas en la sociedad, así como la aparición de las primeras instituciones públicas de lucha contra la tuberculosis.

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Vida al aire libre: lugar como instrumento terapéutico y preventivo en los primeros sanatorios de tuberculosis al aire libre.

El rey Alfonso XIII, huérfano por culpa de la tuberculosis, creó, junto a su esposa Victoria Eugenia, el Real Patronato Central de Dispensarios e Instituciones Antituberculosas en el año 1907. Hasta entonces, el único sanatorio existente que permitía el acceso a las clases sociales más desfavorecidas, era el Sanatorio de Porta-Coeli en Valencia.

Victoria Eugenia la “Reina Enfermera”

El primer sanatorio de España se inauguró alrededor del año 1897 en Alicante, el Sanatorio de Busot , a unos 15 kilómetros de la capital. El Sanatorio de Busot ocupaba las instalaciones del Hotel Miramar un lujoso balneario propiedad del Marqués de Bosch y Conde de Casas Rojas quien decidió transformarlo en estación médica y sanatorio.

El Sanatorio contaba, además de con el hotel, con una serie de casas, para familias adineradas, inmersas en el bosque circundante al edificio principal, una especie de hoteles particulares diseminadas en un radio de unos 400 metros. El bosque, de unos 20 kilómetros de extensión, estaba atravesado por caminos acondicionados con bancos y con ‘‘kioskos-abrigos’’ o ‘‘sun-boxes’’ para llevar a cabo la helioterapia. Estos caminos, planos e inclinados, por donde caminaban los pacientes servían, durante los días soleados y templados que eran la inmensa mayoría en el Sanatorio, para llevar a cabo las curas de ejercicio según la pendiente del paseo recorrido.

Liegekur Davos im Winter, Postkarte ca. 1910
Liegekur Davos im Winter, Postkarte ca. 1910

Hermann Brehmer que defiende la ‘‘cura en altura’’, promueve la práctica de ejercicio en territorios altos y una alimentación abundante para curar la tuberculosis, pues, según el doctor, la menor presión atmosférica de estas zonas provocaba un aumento de la función cardiaca y una consecuente mejora del metabolismo del enfermo y, por consiguiente, detrimento de la enfermedad. A esta terapia más activa le seguirá la terapia de reposo o Liegekur promovida por Dettweiler, discípulo de Brehmer, director del Sanatorio popular de Falkenstein construido en Alemania, en la región de los montes Taunus cerca de Frankfurt, en 1874, un sanatorio que se convertirá en un modelo de referencia, en ‘‘la Meca de los tisiólogos’’ de toda Europa

Sun-box giratoria. Fuente: CARRINGTON, Thomas Spees; Fresh Air and How to use it.
The National Association for the Study and Prevention of Tuberculosis, New York, 1912

Los métodos terapéuticos del Sanatorio de Busot responden principalmente a sus características climáticas. Su clima: soleado y constante, además de seco y templado , resulta muy adecuado para la cura de la tuberculosis. Francisco Moliner, presidente de la Comisión de la Cruz Roja de Valencia, se mostraba muy preocupado por la indefensión de la clase obrera frente a la tuberculosis, así como por la penosa situación de los militares afectados por esta enfermedad que volvían de las guerras en el extranjero y desembarcaban en Valencia. Para todos ellos, propone construir el Sanatorio antituberculoso de Porta-Coeli cofinanciado con fondos públicos, inaugurado en el año 1899. Este sanatorio será el primer sanatorio antituberculoso pulmonar “no exclusivamente privado” de España, ubicado en el antiguo Cortijo de Porta-Coeli en Valencia, con capacidad para unos 40 enfermos

En el número 5 de la revista Arquitectura publicado en el año 1918, el arquitecto Ricardo García Guereta, miembro de la Inspección General de Sanidad escribe el artículo “Los sanatorios para niños tuberculosos” recomendando el modelo de pabellones aislados para este tipo de centros: “Un sanatorio para niños pretuberculosos debe ser un parque amplio, (…) en la que destaquen una porción de edificios limpios, ordenados, alegres, rodeados de praderas con grandes árboles y jardines poblados de flores”, dice el arquitecto 35. Ese mismo año 1918, también en la revista Arquitectura, en su número 3, García Guereta ya había descrito las propiedades que cualquier construcción hospitalaria debía poseer: Una distribución clara, sencilla, esquemática, perfectamente definida, que permita un servicio fácil, una circulación independiente y una vigilancia activa y que provea abundantemente de aire, luz y sol a todos y cada uno de los locales del edificio.

Una construcción sólida, con caracteres de permanencia e incombustibilidad, con espesores que permitan regular fácilmente las condiciones térmicas y cuidadosísima en todos los detalles del interior. Una decoración en que predomine la línea horizontal, con amplitud en los huecos, sobriedad extrema en los detalles y con un ambiente perfectamente definido de tranquilidad, de alegría, de luz y bienestar en el conjunto” . Propiedades muy presentes en los sanatorios que se empezaban a construir en los años 20 en España.

Sanatorio de Sierra Espuña, Murcia

SANATORIO ANTITUBERCULOSO SIERRA ESPUÑA

Sanatorio de Sierra Espuña: antiguo hospital de tuberculosos
Sanatorio de Sierra Espuña: antiguo hospital de tuberculosos

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“Hoy, bajo la sombra de vuestra bandera que ondeará en el Morrón de Espuña, ante las autoridades de la ciudad, a los acordes alegres de las músicas que interrumpirán por una vez el apacible silencio de la montaña, entre los hurras de los Exploradores de toda la región, se enterrará en las entrañas de la Sierra de Espuña, la piedra sobre la cual ha de alzarse en plazo no lejano el Sanatorio Antituberculoso”.

CABECERA DEL NÚMERO 3 DEL DIARIO “ESPUÑA”. SU EDICIÓN DEL DE 10 DE JULIO DE 1917 RECOGIÓ TODA LA CRÓNICA DE LA COLOCACIÓN DE LA PRIMERA PIEDRA DEL SANATORIO. ARCHIVO MUNICIPAL DE MURCIA.

De este prosaico modo daba comienzo la crónica redactada en el periódico “Espuña”. Era el 8 de julio de 1917. Justo a las seis de la tarde tendría lugar la colocación de la primera piedra. En ella se introdujeron los periódicos “Espuña” y “El Explorador”, además de monedas de curso legal. La crónica detallada de cuanto aconteció en ese evento la recogió el número 3 de “Espuña”, el publicado el 10 de julio para relatar desde la llegada de autoridades hasta la ruta senderista que hicieron desde el Campamento de Exploradores para recorrer la senda de los “Siete Hermanos” y concluir en el lugar elegido para ubicar el Sanatorio.

El origen del edificio se remonta al 1 de enero de 1913 cuando un grupo de 6 amigos, capitaneado por Isidoro de la Cierva, constituyó el “Patronato benéfico-social del Sanatorio Antituberculoso de Sierra Espuña”.

Hasta mediados del siglo XIX la tuberculosis había supuesto un serio azote en la población europea. Y Murcia no estaba exenta de esta grave situación. Esta situación fue el principal motor de la creación del Patronato y con él, de una constante dinámica de cuestaciones populares, importantes donativos anónimos, tómbolas, realización de obras de teatro y zarzuela en el Teatro Romea o recolectas de dinero en diferentes iglesias, no sólo en las de Murcia. Alhama, por ejemplo, fue otra de las poblaciones que participó intensamente en esta labor. Una importante colaboración altruista fue la de Pedro Cerdán, el arquitecto que redactó el proyecto de obra.

Sierra Espuña, protagonista en el Día Internacional de los Bosques |  Revista Entrelineas

La recién concluida repoblación forestal de Espuña y su magnífica evolución sirvió para decidir que estas montañas habrían de albergar tan importante instalación sanitaria. La visita de Cerdán sirvió para elegir el paraje de los “Llanos de la Perdiz” como el lugar ideal para su construcción. Así lo justificaba en la memoria del proyecto: “pintoresco y apacible, cuajado de pinos y con hermosos y extensos panoramas por sus vientos de Mediodía y Levante, y resguardado de los del Norte y Poniente, que son los más frecuentes en aquel paraje”.

Pedro Cerdán Martínez - Región de Murcia Digital
Pedro Cerdán Martínez  (Torre-Pacheco, Murcia, 1863-Murcia, 1947)

Para entonces las recomendaciones sanitarias hablaban de crear las mejores condiciones ambientales para la curación de estos enfermos y para ello era necesario cuidar dos aspectos: “defenderlos contra las corrientes fuertes de viento y procurarles el disfrute del sol durante el mayor número de horas del día”. Y por eso fue por lo que se eligió este paraje, además del diseño de su forma y orientación. Con la espalda al norte, pero con una ligera inclinación contra el oeste en aras de disfrutar de la mejor exposición al sur y un poco a levante. Las comunicaciones fueron otro factor decisivo: hasta Alhama había carretera y ferrocarril y desde esta población 16 kilómetros de carretera forestal. Todo un lujo para la época. Definitivamente el lugar fue formalmente cedido por el Estado, el cual destinó a todo el establecimiento casi 33 hectáreas de superficie.

Senda del caracol (Sierra Espuña) Murcia
Tudmur on Twitter: "📍Sanatorio de Sierra Espuña (Alhama de Murcia):  Complejo sanitario de la pedanía alhameña de El Berro que acogió desde 1917  a enfermos de tuberculosis y lepra para su sanación

El diseño general de la distribución del edificio se basaba en tres pilares: los servicios generales en el centro, los dormitorios en los pabellones laterales y las galerías de tratamiento en los extremos. De hecho, el proyecto ya recogía que el cuerpo central tendría el vestíbulo, la sala de visitas, el despacho del médico, las consultas internas, el aparato de rayos X, el guardarropa y unos lavabos. A su izquierda se habilitó el despacho del administrador, la botica, el laboratorio de análisis microscópicos y la escalera de acceso a los pisos principal y segundo. Separado del vestíbulo mediante una mampara de cristal estaban los servicios de aseo colectivos, siempre con gran luz y ventilación y separados por sexos. Y más al fondo, el pasillo que daba acceso a las cocinas y los dormitorios de las Hermanas, a cuyos cuidados han de estar los enfermos del Sanatorio.

Sanatorio de Sierra Espuña: antiguo hospital de tuberculosos
Banco de imagenes - Categoría: Instituciones Sanitarias - Imagen: Sanatorio  de Sierra Espuña (Murcia) - Banco de imágenes de la Medicina Española
Quirófano del Sanatorio de Sierra Espuña, en Murcia. Consejo General de Colegios Médicos de España, 65, Diciembre 1952
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Equipo directivo y médicos del Sanatorio Antituberculoso de Sierra Espuña 1934.
Foto exterior del sanatorio de tuberculosos, co - Vendido en Venta Directa  - 54460817

Para esos enfermos eran los alargados cuerpos laterales del edificio, uno para hombres y otro para mujeres. Los dormitorios se distribuían en los dos pisos, todos con igual orientación hacia el sureste. Los pasillos de distribución quedaban por detrás, hacia el norte y noroeste, aunque siempre con abundante luz y ventilación. Orientadas totalmente al norte estaban las dependencias destinadas a cambios de escupideras, calzado y un cuarto con balcón para limpiar el vestuario.

En los extremos de estas dos alas laterales se construyeron amplias salas de reunión, una por cada piso y sección. Desde ellas se pasaba a las galerías de reposo y de tratamiento al aire libre, además de las destinadas a paseo. Las primeras eran parte esencial para el tratamiento médico en el Sanatorio. Estaban dispuestas en arco de círculo de gran radio y vueltas hacia el sur, completamente separadas de los demás locales. Allí los pacientes debían permanecer gran parte del tiempo en total reposo recostados sobre butacas de asiento alargado para estirar los pies (de chaise-longues hablaba el proyecto) o sentados, siempre según hubiera prescrito el médico. Eso sí, era muy importante que los rayos solares no dieran en la cabeza ni en la espalda del paciente. Estas galerías no tenían calefacción y los enfermos estaban expuestos a la temperatura del aire exterior tal como mandaban las modernas prácticas de los sanatorios antituberculosos.

Sanatorio antituberculoso de Sierra Espuña, Murcia
Sanatorio antituberculoso de Sierra Espuña (Murcia)

El Sanatorio se diseñó con una capacidad para cincuenta y seis enfermos. Se distribuían en tres habitaciones de cuatro camas y dos de una por cada piso y ala. El diseño de estas salas se había hecho siguiendo las normas específicas sobre construcción de sanatorios destinados a tratar la tuberculosis, consiguiendo que cada paciente de las habitaciones grandes tuviera una capacidad de aire mínima de 38 m3, mientras que las pequeñas fuera de 60. Cada habitación tenía un armario independiente, un lavabo por enfermo y calefacción mediante radiadores de vapor a presión.

Sanatorio de Sierra Espuña: antiguo hospital de tuberculosos
Sanatorio antituberculoso de Sierra Espuña, Murcia
Sanatorio antituberculoso de Sierra Espuña, Murcia
Sanatorio antituberculoso de Sierra Espuña, Murcia

Todo el edificio se diseñó básicamente con cubierta a dos aguas, excepto en los pabellones centrales e intermedios de cada ala, que se hicieron a cuatro aguas, y en la zona central del edificio, en la que se habilitaron con terraza tanto el cuarto piso como la torre (equivalente a un quinto piso). Se cuidó especialmente que las paredes interiores de las habitaciones fuesen pintadas para que luego fuese fácil su lavado y desinfección. Además, se cuidaron detalles como la pavimentación del suelo, que se hizo con baldosín de cemento de colores lisos y sin ángulos ni molduras que pudieran retener suciedad. Incluso los ángulos de las habitaciones se redondearon con igual finalidad.

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En el edificio no faltaban unos espaciosos comedores, también diferenciados por sexos, y una capilla con su sacristía. Además, contaba con construcciones separadas destinadas a cámara de desinfección, lavadero y legiadora, además de zona de planchado y tendedero. Y al otro costado en sitio aun más oculto y separado, irá el destinado a depósito de cadáveres, sala de autopsia y dependencia para el Médico-director.

Todo el conjunto constructivo se cerraba con los pabellones destinados a vivienda del médico y sacerdote y otros para, curiosamente, “familias más pudientes que quieran tomarlas en alquiler y vivir separadamente del edificio principal del Sanatorio”. Faltaba por resolver un aspecto clave: el abastecimiento de agua. El proyecto contemplaba traerla desde la conocida como “fuente del Gallego”, también cedida por el Estado, para lo cual se construyó una cañería de conducción de 2,6 km de longitud. Con ella se suministraba el agua a los dos depósitos subterráneos fabricados muy cerca de la casa de La Perdiz, 55 metros de cota por encima del Sanatorio para aprovechar la presión. Desde allí, otra conducción de poco menos de 500 metros suministraba a todas las instalaciones.

El presupuesto inicial de las obras se estimó en 300.000 pesetas (hoy unos 1.800 euros). Gracias a que en julio de 1917 el “Patronato benéfico-social” había conseguido recaudar mediante donativos, fiestas y otros medios la quinta parte de ese dinero, se lanzaron a la aventura de iniciar las obras. Pero los trabajos de ejecución se encarecían continuamente y los dineros no siempre estaban disponibles. Las obras se interrumpieron en numerosas ocasiones por falta de caudales con qué financiarlas.

Hubo periodos en los que sólo se trabajaba durante el verano, dedicando el invierno a recaudar fondos. Aun así consiguieron cerrar cubiertas el 24 de julio de 1928. Pero aún faltaba mucho por hacer. Al final, en noviembre de 1931, tras apenas 7 meses de la constitución de la República, el Estado asumió definitivamente su propiedad e inyectó el dinero necesario para que sus obras concluyeran. Sucedió en 1934, pero aún hubieron de transcurrir un años más para su inauguración. Esta tuvo lugar el 17 de noviembre de 1935 y como en tantos otros eventos similares asistieron todo tipo de autoridades, personalidades e incluso colectivos sociales, desde el ministro de Trabajo de la época, Federico Salmón, hasta un numeroso grupo de Exploradores, quienes quisieron así rememorar su participación en la colocación de la primera piedra 18 años atrás.

Resulta curioso descubrir cómo la maquinaria propagandística de la dictadura franquista no tardó en adueñarse de la puesta en marcha del Sanatorio. En efecto, en 1939, recién concluida la Guerra Civil, los diarios que el régimen permitió seguir atribuyeron la construcción del centro al General Franco. Su profusa propaganda rezaba así: “Sanatorio de Espuña: reposo, paz y pinares. Cómo se hace lucha antituberculosa. Hoy España, por voluntad del Caudillo, cuida y atiende a los enfermos”

Con el descubrimiento por Albert Schatz de la estreptomicina en 1943 y su llegada a España en 1949 la red de
sanatorios antituberculosos fue perdiendo su razón de ser y paulatinamente se fueron cerrando. Muchos enfermos del Sanatorio de Espuña se fueron curando y su número paulatinamente reduciendo. Llegó un momento en el que los costes de mantenimiento de tan inmenso edificio no justificaban el reducido número de enfermos atendidos. El 10 de mayo de 1962 se trasladaron los últimos pacientes a otro hospital de Albacete y el de Espuña cerraba definitivamente sus puertas. Aunque el asunto pueda parecer baladí, desencadenó un profundo cambio en la vida rural y sanitaria de toda la sierra. No en vano, mucha gente de las aldeas y pueblos prestaba servicios en el hospital y acudía a menudo a él para recibir asistencia sanitaria.

El Ayuntamiento de Murcia, avalado por la idea de que su ciudad había apostado firmemente por la construcción y funcionamiento de aquel Sanatorio, pidió mediante acuerdo plenario del 24 de mayo de 1962 que aquel edificio se reabriera y se destinara a organizar en él colonias escolares destinadas a niños necesitados. No sabemos en qué grado influyó esta petición, pero lo cierto es que en ese mismo año el Ministerio de Sanidad cedió las instalaciones al de Educación Nacional, el cual se apresuró en redactar el “Proyecto de obras de adaptación del Sanatorio existente en Sierra Espuña para Escuela-Hogar”.

En el curso 1964- 65 se ponía en marcha esta remozada instalación con esa finalidad. Allí se escolarizaron a los alumnos que viviesen a más de 3 km de distancia de una escuela. En la primera planta se habilitaron las habitaciones de los alumnos, normalmente con nueve literas de dos cuerpos por dependencia. También en esta planta estaban las aulas, el comedor, el despacho del director y la secretaría. La segunda planta se reservó para las habitaciones de los profesores, mientras que el pabellón central y su torre se destinaron a vivienda del director. El sótano alojaba cocinas, despensa, lavandería (en la que los alumnos se lavaban su propia ropa) y una pequeña cantina. Con los años incluso llegó a tener su propia imprenta. La Escuela-Hogar funcionaba durante todo el año, pues durante los periodos vacacionales acogía colonias y campamentos, especialmente en verano. Con la creación de las escuelas comarcales y la aparición del transporte escolar este tipo de instalaciones fue perdiendo alumnos hasta que su funcionamiento no justificaba el elevado gasto.

PROFESOR CON SUS ALUMNOS EN LA PUERTA DE LA YA ESCUELA-HOGAR DE SIERRA
ESPUÑA. HACIA 1968.
ALUMNOS EN FORMACIÓN EN LA GRAN EXPLANADA DELANTERA DE LA ESCUELA-HOGAR.
HACIA 1969.

El curso 1981-1982 sería el último que se impartiría en la Escuela-Hogar. En septiembre del 82 el centro quedaba cerrado a cal y canto y tras ello empezaba su abandono y un acelerado proceso de deterioro del que en los años siguientes se irán haciendo eco los medios de comunicación regionales.

En 1983 la Comunidad Autónoma asumió su titularidad y empezó a planificar las obras de restauración del ala este y el pabellón central para destinarlo a Albergue Juvenil. En noviembre de 1984 se redacta el “Proyecto de Rehabilitación de Campamento en Sierra Espuña”, el cual es aprobado por ICONA el 12 de abril de 1985, y cinco días después recibe la licencia de obras por el Ayuntamiento de Alhama. Los 26 planos del proyecto recogieron las obras necesarias para acondicionar el edificio, así como un área recreativa y de acampada y el suministro eléctrico y de agua. En 1991 dos nuevos proyectos se redactaron, por una parte para acondicionar el antiguo campo de fútbol de la Escuela-Hogar en pistas deportivas, piscina y vestuarios y, por otra para mejorar las condiciones de abastecimiento de agua (un sondeo en el barranco de Leyva) y de saneamiento de las residuales. Incluso se redacta otro proyecto más para acometer la segunda fase de restauración, la cual nunca se llegó a ejecutar. Con altibajos y siempre con el ala oeste en progresivo estado de abandono, mantuvo ese funcionamiento hasta comienzos de 1990, procediendo a su cierre vigilado por falta de rentabilidad. En 1995 el edificio quedó definitivamente clausurado, pero su estado de deterioro era ya tal que la Asamblea Regional de Murcia aprobaba en sesión plenaria de 22 de noviembre de ese año una moción mediante la cual instaba “al Gobierno Regional para que se estudie la posibilidad de restaurarlo antes de que su proceso de envejecimiento haga imposible su conservación”. Las diferentes administraciones no han sido ajenas a esta situación, pero bien cierto es que cada vez que han hecho números para acometer obras de restauración las cifras han resultado astronómicas.

Hoy, aquel hospital que tanto esfuerzo supuso conseguir y tantas vidas vio pasar, espera impaciente una actuación que le indulte su actual pena de abandono.

SANATORIO DE SIERRA ESPUÑA ¡ESCALOFRIANTE! – ENIGMAS DE MEDIANOCHE
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Transatlántico varado en un mar de pinos
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ECONOMÍA / La empresa Epic Winner invierte en la construcción de un Hotel  Rural en el Sanatorio de Sierra Espuña (INOCENTADA) - murcia.com
Antiguo sanatorio de tuberculosos de Sierra Espuña | La Verdad
El sanatorio de Sierra Espuña encabeza el listado de lugares para 'pasarlo  de miedo en la Región' - Murciaplaza

La Comunidad no tiene prevista ningún actuación y el inmueble está cerrado por riesgo de derrumbe. En 1997 se retiró la vigilancia de este edificio. Un edificio en ruinas, propiedad de la Comunidad, que no tiene visos de ‘resucitar’.

En 2008 se volvía a poner sobre la mesa una propuesta para recuperar el inmueble. En aquel momento se estudió la posibilidad de construir allí un gran complejo hotelero con 200 habitaciones, aunque se descartó por ser dentro del parque natural.

Un sanatorio que no se libra de ser escenario de leyendas. Una casa encantada para los amigos del misterio. Son múltiples las leyendas sobre la presencia de espíritus en el interior del edificio y las historias sobre sucesos paranormales en el Sanatorio. Que en el sanatorio abandonado hay fantasmas es más que una leyenda que se cuenta por la zona: es un clásico de las páginas de parapsicología. Sólo hay que tirar de Google para encontrarse con numerosos testimonios de personas que aseguran haber tenido en el lugar un contacto con lo paranormal.

Transatlántico varado en un mar de pinos

+info:


Los sanatorios antituberculosos que salvaron a España

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