Vivir en el campo

Ha tenido que llegar la primera pandemia global del Siglo XXI  para que regrese el deseo de volver a vivir en el campo.

Los orígenes del abandono rural : Los demógrafos  diferencian entre los movimientos migratorios de los años 60, de carácter masivo, y los actuales, que van más bien a cuenta gotas. En cualquier caso, destacan también que la despoblación viene de los procesos de urbanización que se desarrollaron en el siglo XIX y, en especial, el XX. Hasta entonces, la economía agraria hacía que la población viviera más distribuida.

El mundo rural debe competir con las ventajas de la vida urbana, pues si los individuos prefieren vivir en las ciudades es básicamente por la mejor respuesta que ofrecen en cada momento a sus expectativas, reales o potenciales, de calidad de vida.

“Hay futuro en el medio rural, tendríamos que repensar nuestras prioridades, las necesidades reales y desde que lugares es posible alcanzarlas para unir familia y trabajo, naturaleza y sociedad, cultura y educación, para respirar y vivir viendo el cielo estrellado. En ello va nuestro futuro, el de nuestra descendencia y el del planeta.”

Ana Isabel Esteban Martínez EL MEDIO RURAL SE HIZO VISIBLE

Alquezár Huesca

Alquezár Huesca

cielos más limpios de España

Noche en la Sierra de Montsec (cielos más limpios de España) © Joan Gosa

Hong Kong apartments

Hong Kong apartments

Esta pandemia que experimentamos por primera vez, avisa del enorme riesgo que supone la concentración de la población en grandes ciudades y del peligro que conlleva la proximidad excesiva, y el amontonamiento en los medios de transporte.

El globo de un niño paraliza la línea 2 de Metro en plena hora ...

Desde el medio rural, se puede teletrabajar, se puede desarrollar una actividad económica complementaria a la agraria, siempre que existan redes de internet con alta velocidad y capacidad, además de infraestructuras de transporte rápidas para conciliar trabajo presencial y a distancia. La carencia de esta inversión no puede continuar siendo una de las razones que siguen impidiendo el traslado de la actividad económica y el emprendimiento a cualquier rincón de nuestro medio rural, lo que ayudaría a descongestionar las grandes ciudades.

Ciudadanos con mascarillas en la ciudad china de Shanghái.

Ciudadanos con mascarillas en la ciudad china de Shanghái. ALY SONG

“Lo que cambia con el coronavirus es la expresión del poder de las ciudades, que se encuentran en el centro de esta violenta perturbación del sistema. Sí, el siglo XXI, el de las ciudades, metrópolis o megalópolis como expresión del hecho urbano, amenazado con otras disfunciones que se hacen enormes en su capacidad de perturbar masivamente la vida urbana. 

El desafío que nos ocupa, ante la crisis del coronavirus, es el de cambiar radicalmente el estilo de vida, aquí y ahora. Es un poco brutal lo que nos sucede, pero depende de nosotros estudiarlo, interpretarlo y contribuir a aportar respuestas.

Aquellos que trabajamos en el cronourbanismo, la cronotopia, la topofilia como herramientas poderosas para cambiar de paradigma, para cambiar el ritmo de vida en la urbe, para reencontrar una nueva convergencia del tiempo útil y de los espacios urbanos, para amar la proximidad y nuestros lugares de vida, decimos que sí, que más que nunca el policentrismo está en el centro de los cambios por venir, para vivir de forma diferente.” Carlos Moreno Una visión urbana sobre la crisis del coronavirus

arquitectos

En el sanatorio para tuberculosos de Alvar Aalto en Paimio (Suecia), proyectado en 1929, las uniones entre los muros y el suelo son redondeadas para evitar la acumulación del polvo, considerado letal para los enfermos.

Las plagas que nos han cambiado

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Históricamente existen vinculaciones –a veces insospechadas– entre la arquitectura y la gestión de crisis epidémicas. José María Ezquiaga, nos recuerda algunos grandes combates epidemiológicos que dejaron huella en la planificación urbana: “Las epidemias de peste que marcaron la Edad Media impusieron un control administrativo en las ciudades; y lo mismo la viruela en el siglo XVII, y el cólera en el XIX, que asoció el urbanismo a la existencia de estructuras básicas; después, la tuberculosis llevó a un cambio radical en el modo de entender la vivienda, con las nuevas tecnologías del vidrio y el hormigón”.

“La mayor parte de las personas vive en una cantidad muy reducida de metros cuadrados, por lo que claramente no estábamos preparados para una situación como esta”, expone Teresa Sapey. “Si partimos de la definición de Mies Van de Rohe, que decía que la arquitectura es el verdadero campo de batalla del espíritu, en estos momentos de incertidumbre nuestro espíritu está atrapado en la lámpara de Aladino”. Si la frotamos, aparece otra batalla común entre los arquitectos: que las casas sean más grandes y flexibles. “El balcón y las terrazas son fundamentales”, Eltini .

“Que todo el mundo de forma unitaria tenga derecho a una vivienda mínima. Esto evitaría situaciones de confinamiento y convivencias peligrosas, ya que la salud mental es básica en momentos de crisis”.

Le Corbusier

No es cuestión de construir mansiones, sino viviendas mucho más flexibles: “Espacios cambiantes, capaces de adaptarse a cada situación, hasta los más extremas”, proyecta Luis Vidal, quien de hecho ya ha puesto en práctica la idea en la casa 2d-4d para la empresa japonesa Sumitomo: “Un espacio familiar que se modificaba, sin tecnología, en función de las necesidades de cada momento”. Sapey coincide: “Hoy todo debe ser móvil en la casa. La casa debe ser como un barco sobre la ola en tempestad, en cada momento su estructura cambia, ya no hay interior ni exterior, hay deseo”.

“Tendremos que aprender de nuevo el valor de la ciudad compartida, y atrevernos a pensar de nuevo en el largo plazo, en la emergencia climática y el futuro saludable de nuestra vida en la ciudad”. José María Ezquiaga

Stop City, 2007

La ciudad

La arquitectura suele ser la expresión visible del esfuerzo humano para proveerse de cobijo y de un espacio social: Una seña de identidad que personaliza a una sociedad con rasgos distintivos. La ciudad históricamente ha sido también el resultado del encuentro entre los esfuerzos colectivos para organizar la vida en común y al mismo tiempo la integración e interacción de una miríada de acciones individuales.

Durante milenios el hombre llevó una existencia itinerante, dedicándose a la caza o la recolección y viviendo en pequeños grupos, repartidos sobre amplios territorios. En el neolítico, con el desarrollo de la agricultura empezaron a constituirse aldeas más estables y también más pobladas, aunque sin pasar todo lo más de algunos centenares de habitantes. Fue en torno al año 4000 a.C. cuando aparecieron los primeros núcleos de población a los que podemos dar el nombre de ciudad. Desde entonces la «revolución urbana» no dejó de extenderse, cambiando por entero el curso de la historia de la humanidad.

Reconstrucción en 3D de La Bastida. / Dani Méndez (REVIVES). La Bastida, una de primeras ciudades de Europa en la Edad de Bronce. Los habitantes de La Bastida de Totana en Murcia, un yacimiento que data de hace entre unos 4.220 años y 3.550 años, realizaron una gestión intensiva de cultivos y rebaños, como demuestra la primera reconstrucción de la dieta de esta sociedad prehistórica. 

VIVIR DE FORMA DIFERENTE

Las ciudades se nos han ido de las manos, y regresa el deseo de volver a vivir en el campo.

Personas que eligieron volver al campo : Ante la tendencia a vivir en el campo, a menudo en busca de bienestar, es inevitable hacerse la pregunta: ¿se ha idealizado en exceso la vida en entornos rurales? Muchos son los que dejan la ciudad en busca de lo que han convertido en panacea tras conocerlo los domingos. Ante la decepción, vuelven a la ciudad. Quienes sí fueron conscientes, antes de partir, de lo bueno y lo malo siguen adelante sin perder de vista que, si bien su calidad de vida ha mejorado, vivir en el campo no significa pasarse el día sin ropa tumbado en una hamaca. Hablamos con algunos de los que residen en entornos agrestes, desde donde compaginan teletrabajo con huerto y rebaño.

Marc Badal estudió Ciencias Ambientales e investigó el neorruralismo en su trabajo final de máster. «Y, al final, me convertí en mi propio objeto de estudio», cuenta Badal, que ha publicado recientemente el libro Vidas a la intemperie. Nostalgias y prejuicios sobre el mundo campesino (Pepitas de calabaza).

Para él, regresar al campo no es una moda ni se ha dado de manera repentina, sino que más bien se trata de «un goteo constante» históricamente poco visibilizado, salvo en algunos momentos puntuales en los que estos movimientos han alcanzado mayor repercusión. Los narotniki rusos, el anarquismo clásico en Italia y Suiza y las comunidades utópicas son algunos de sus precedentes. Después de mayo del 68, renació la tendencia de regresar al pueblo. Recuerda Badal que «la gente salió de París con toda la decepción y Francia se llenó de experiencias comunitarias». Vivir en el campo

Nærum (1948-1949)

A Carl Theodor Sørensen (1893-1979) se le considera uno de los grandes arquitectos paisajistas del siglo XX. Uno de sus proyectos más significativos es la urbanización realizada en Nærum (1948-1949). Consiste en una agrupación irregular de parcelas ovaladas, delimitadas mediante un seto que fue, inicialmente, propuesto como arbustos frutales, pero que finalmente se llevó a cabo en espino recortado.

Se trata de jardines individuales con pequeñas casas de vacaciones y zonas para cultivo de huertos. En un principio, las edificaciones debían estar ubicadas en el perímetro de las parcelas, aunque los propietarios las fueron construyendo en el interior de los óvalos. Sørensen, además, propuso diferentes posibilidades de siembra y plantaciones. Aunque pueda parecer que la disposición de las parcelas ovaladas supone la pérdida de mucho suelo intersticial, esos espacios se convierten en un gran campo de juego infantil, con recorridos de visuales y perspectivas inesperadas.

Naturaleza geométrica: los paisajes de Carl Theodor Sørensen

los paisajes de Carl Theodor Sørensen

Un paseo por Kingohusene (1953)

Jørn Utzon > Kingo Houses | HIC Arquitectura

Kingo Houses  es un complejo de viviendas (casas con patio de bajo presupuesto) diseñado por el arquitecto Jørn Utzon en Elsinor , Dinamarca . La promoción consta de 60 casas en forma de L. En 1953 Utzon propone al ayuntamiento el desarrollo de su proyecto, pues el concepto de casa-patio activaría las habilidades de los propietarios a conformar su hogar, suponiendo sus propios jardines para gente trabajadora de los astilleros y asi, mejorar la calidad de vida El sistema de subsidios estatales fijados por las bajas tasas de interés contribuyo al desarrollo del proyecto. Cada vivienda tiene su propia vista al paisaje y entorno, dando al habitante tranquilidad. El plan se desarrolla respetando toda la vegetación y naturaleza de la zona. Además se orienta de tal manera para poder aprovechar el sol y respetar la privacidad. Es por eso que además encontramos ventanas que dan el mayor aporte de luz en la cara del patio de la casa.

El acceso de zonas verdes y el lago se ve perfectamente relacionado con el patio de las viviendas suponiendo las relaciones entre las distintas viviendas con el lago. En definitiva es una serie de viviendas pensadas para la practicidad, el disfrute y la privacidad a la que todo el mundo sin importar el estatus social tiene el derecho donde los diferentes ambiente, tanto interiores como exteriores, se relacionan de una forma fluida, armoniosa y practica.

Brøndby (1964)

Los jardines circulares de Dinamarca, un lugar demasiado bonito ...

Las casas en círculo, así es la comunidad «extraterrestre» de ...

En 1964 nadie pensó que Brondby, a 15 kilómetros de Copenhague, sería una de las zonas del mundo más fotografiadas desde el cielo. El secreto está en sus círculos gigantes que se asemejan más a los misteriosos «círculos de cosechas», que a un diseño arquitectónico pensado como viviendas vacacionales.

A mediados del siglo XX la capital de Dinamarca decidió construir una zona residencial donde sus habitantes solo podrían acudir del 1 de abril al 1 de octubre así como los fines de semana a lo largo de todo el año.

Repartidos en los grandes círculos, de unos 400 metros cuadrados, hay 284 jardines. Cada uno de los círculos tiene 24 casas que varían en tamaño pero que no pueden exceder los 50 metros cuadrados. Un único camino conduce hasta el centro de la rotonda central que también sirve de zona común para la interacción social de los vecinos.

Un pensamiento en “Vivir en el campo

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