René Magritte, “La traición de las imágenes”

© Annie Viannet/Maxppp - Paris - France - 20 septembre 2016. Exposition Magritte, La trahison des images. Du 21 septembre 2016 au 23 janvier 2017; Centre Georges Pompidou, Beaubourg. Vue generale de l exposition. (MaxPPP TagID: maxpeopleworld969447.jpg) [Photo via MaxPPP]

© Annie Viannet. Exposition Magritte, La trahison des images. [Photo via MaxPPP]

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I can tell you what it isn’t … a visitor looking at Magritte’s 1929 painting La Trahison des Images, ceci n’est pas une pipe. Photograph: Ian Langsdon/EPA

El Centro Pompidou de París abre una nueva exposición sobre Magritte. Un viaje a través de sus pinturas surrealistas en las que explora el pensamiento filosófico a través de la relación entre las palabras y las imágenes.
Del 21 Septiembre 2016 al 23 Enero 2017
Tal vez si cerramos los ojos y los abrimos de golpe podamos aproximarnos a lo que Magritte pretendía, cambiar nuestra percepción de la realidad contraponiendo dos objetos relacionados: Un paraguas y vaso de agua, por ejemplo. Buscar correspondencias, generar debate, eso que él calificó hace 80 años como “resolución de problemas”. Fue más que un pintor surrealista y mantuvo estrecha relación con filósofos belgas, además de con Michel Foucault. Quería situar las imágenes al nivel de las palabras. La muestra es un icónico paseo por su pensamiento, que el Comisario de la exposición recomienda disfrutar, sin el corsé de filosóficas auto exigencias.

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René Magritte, “Les vacances de Hegel”, 1958 collection particulière © Adagp, Paris 2016 © Photothèque R. Magritte / Banque d’Images, Adagp, Paris, 2016

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« …la jinete oculta los árboles, y los árboles la ocultan a ella. Pero nuestro intelecto comprende ambas cosas, lo visible y lo invisible. Mi propósito al pintar es hacer visible el pensamiento. »

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La relación del pintor belga con la filosofía, unida a su obsesión por colocar a la imagen al mismo nivel que la palabra, protagoniza la primera gran exposición monográfica del Pompidou esta temporada. Se trata de una exposición inédita que repasa toda la obra este pintor emblemático del movimiento surrealista, en cuyas obra hacía referencia constantemente a cinco temáticas: el fuego, la sombra, las cortinas, las palabras y el cuerpo fraccionado. Siguiendo la línea de estas temáticas, propone un enfoque inédito de su obra a través de una centena de sus trabajos célebres al igual que ciertas obras menos conocidas, pero igual de representativas del arte moderno del siglo XX . La exposición revela toda la reflexión del artista alrededor de preguntas de resemblanza y de realismo y se interesa en su trabajo sobre las representaciones tramposas del mundo.

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El pintor del pensamiento abstracto (1898 – 1967)

Tal como su obra, su vida también está llena de sombras insospechadas. Magritte nació en 1898 cerca de Charleroi, en la Valonia de la Revolución Industrial, hijo huérfano de una madre suicida que se ahogó en el río y aficionado a la pintura desde los 12 años. Siempre evitó relacionar ambos hechos: en otro gesto de inaudita modernidad, no creía que la biografía de un artista sirviera para explicar su obra. Sí admitía, sin embargo, que descubrir la obra de Giorgio de Chirico le cambió la vida. “Mis ojos vieron el pensamiento por primera vez”, escribió años después. No por casualidad, el galerista P. G. Van Hecke lo apodó como “el pintor del pensamiento abstracto”. Pero a Magritte no le gustaba que le trataran como un maestro ni un intelectual. Cultivó con esfuerzo una imagen de hombre corriente, que pintaba en un rincón de su comedor, paseaba a su perro por el barrio y evitaba los baños de masas y los grandes fastos, prefiriendo el conejo al horno de su esposa Georgette, a la que conoció a los 15 años. Para muchos, fue solo un espejismo de banalidad. “Intuimos que su vida cotidiana no fue tan aburrida y llana como pretendía, sino que estuvo salpicada de gustos más dionisiacos”, susurra el comisario, en referencia a sus frecuentes visitas a burdeles o a los intercambios de mujeres que practicó. Su personaje de ficción favorito era Fantomas, el héroe sin rostro de novela negra que hizo furor en la Francia de principios del siglo pasado. Casi 50 años después de su muerte, en el verano de 1967, Magritte sigue encerrando el mismo tipo de enigma.

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René Magritte, “Variante de la tristesse”, 1957, Kerry Stokes Collection, Perth © Kerry Stokes Collection, Perth / Photo : Acorn, Photo, Perth © Adagp, Paris 2016 © Photothèque R. Magritte / BI, Adagp, Paris, 2016

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René Magritte, “Les mémoires d’un saint”, 1960, The Menil Collection, Houston © ADAGP, Paris 2016

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René Magritte, “Le Double Secret”, 1927, Centre Pompidou, Musée national d’art moderne, Paris, achat 1980 © Coll. Centre Pompidou, Musée national d’art moderne / Photo : Georges Meguerditchian © ADAGP, Paris 2016

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René Magritte, “La Condition humaine”, 1935, Norfolk Museums Service © Adagp, Paris 2016

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René Magritte, “La Trahison des images (Ceci n’est pas une pipe)”, 1929, Los Angeles County Museum of Art, achat avec des fonds de la collection de Mr and Mrs William Preston Harrison © Adagp, Paris 2016 © Photothèque R. Magritte / Banque d’Images, Adagp, Paris, 2016

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Loa amantes, René Magritte ,1928. Óleo sobre lienzo, 54,2 x 73 cm. Colección privada, Bruselas, Bélgica

Dos personas protagonizan este bello lienzo. Sus identidades están ocultas tras dos velos húmedos que les tapan la cara. Sabemos que son un hombre y una mujer por sus vestimentas y suponemos que son pareja porque se están besando. Poco nos ayuda el fondo a concretar la escena. Están bajo techo, se ve parte del mismo y de la escayola que lo adorna, pero el hecho que una pared sea granate y el fondo azul cielo, hace plantearse si es otra pared pintada de diferente color o si simplemente están bajo techumbre pero abiertos al exterior.

 El pintor belga René Magritte, padre de Los Amantes, logra llamar la atención del público por las telas húmedas cubriendo los rostros de los protagonistas y por los colores duros del lienzo. Hay un predominio del granate, azul y negro, destacando el blanco por encima de  todos para subrayar el efecto mojado de las telas que los cubren.

Su primer contacto con la pintura lo tuvo a los once años, momento en el que comenzó sus clases de dibujo. Sus primeras obras siguen una línea impresionista y su trabajo pasó por influencias del cubismo, orfismo, futurismo y purismo, sin olvidarnos del llamado realismo mágico, antes de aterrizar en el surrealismo, movimiento de Magritte por excelencia. Con su pincel intenta plasmar una realidad diferente, algo que sorprenda al espectador.

 Magritte tituló Los Amantes a dos obras diferentes, en las que aparecen los mismos protagonistas y con las mismas ropas. Pero, siempre hay un pero, los dos trabajos difieren por dos razones: el fondo, pasamos de paredes y techo a un fondo natural con árboles y campo de fondo, y la acción, aquí no se besan sino que ambos miran al frente con los rostros uno junto al otro.

Dada la temática de este artículo, vamos a centrarnos en el beso de Los Amantes. Pienso yo que si el genio belga levantase la cabeza y oyese la cantidad de suspiros de amor que ha ocasionado su cuadro, volvería a agacharla y retornaría bajo tierra pensando que el mundo se ha vuelto loco.

René Magritte pintó Los Amantes en 1928, dieciséis años después de que su madre se suicidase tirándose al río Sambre. Parece que no, pero esta información es muy importante para entender el significado del cuadro.

Magritte tituló a su obra Los Amantes y los retrató besándose sí, de esto no hay ninguna duda, pero como no es oro todo lo que reluce, no todos los amantes se aman ni todos los besos simbolizan amor.

 Muchas teorías han rondado esta obra a lo largo de los años: amor secreto, dos desconocidos que se gustan sin verse ni olerse, enamorados que tienen que esconderse de la sociedad..y otras tropecientas historias más. Pero ninguna se acerca ni lo más mínimo a las intenciones que tenía el pintor belga al retratar a dos personas con una tela húmeda besándose.

René Magritte siempre tuvo grabado en sus retinas el momento en el que sacaron el cadáver de su madre del río, con la camisa húmeda cubriéndole el rostro. De ahí los trapos húmedos entre los rostros de los amantes de su obra. Simplemente es el recuerdo que tiene un adolescente Magritte de cómo terminó el suicidio de su madre en el Samble.

Un beso de amor es el sabor de la persona besada, el olor y, como no, el contacto de las lenguas o simplemente de los labios. El trapo húmedo de Magritte destruye cualquier idea de beso al prohibir a los protagonistas de sensaciones.

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