Alberto Giacometti y su familia

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Alberto Giacometti,  1935.  © Rogi André o Rozsa Kleín, una maravillosa fotógrafa de París.

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Henri Cartier-Bresson, 1935 © George Hoyningen-Huene

La amistad entre el fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson y el artista suizo Alberto Giacometti se inició en un café parisino en la década de los 30 y se prolongó durante más de 25 años.

El 11 de enero de 2016 se conmemoraron los 50 años de la muerte de Giacometti.

Henri Cartier-Bresson gozaba de una muy buena amistad con el escultor, compartiendo su tiempo con él tanto en su estudio parisino de la Rue Hippolyte-Maindron, o durante las vacaciones que pasó con el artista y su madre, en la casa de la familia Giacometti, en Stampa, en el cantón suizo de los Grisones. Esta intimidad no afectó la admiración que Cartier-Besson tenía por Giacometti. Hablaba del suizo como “uno de los hombres más lúcidos y más inteligentes que conocía”.

Los dos artistas tenían mucho en común. Ambos fueron seguidores tempranos del surrealismo. Cartier-Besson estaba encantado de saber que compartía con su amigo la pasión por las pinturas de Cézanne, Van Eyck y Uccelo.

Pero sus maneras de crear eran distintas. El francés creía que, a diferencia de un pintor, un fotógrafo solo es creativo durante la fracción de segundo en el que toma la imagen con su cámara.

Giacometti nació en Stampa, en el cantón de los Grisones, que visitaba con frecuencia. Su padre, Giovanni, fue un pintor postimpresionista conocido. Giacometti murió en Coira (∗) el 11 de enero de 1966, a la edad de 65 años.

(∗) Coira (en alemán Chur, en italiano Coira, en romanche Cuira, Cuera, Cuoira o Cuira, en francés Coire) es la capital del cantón de los Grisones .

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Este 2016, un ‘Centro Giacometti’ abrirá sus puertas en su pueblo natal para rendir homenaje a esta familia de artistas.

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Self Portrait, circa 1917. Oil on canvas, 27 x 19 cm. Fondation Alberto et Annette Giacometti, Paris, inv. 1994-0566 © Alberto Giacometti Estate (Fondation Giacometti, Paris + ADAGP, Paris)

Alberto Giacometti

(Borgonovo, Suiza, 10 de octubre de 1901 – Coira, Suiza, 11 de enero de 1966)

Alberto Giacometti era hijo de pintor, por lo que desde pequeño vivió inmerso en todo ese mundo propio que significa el taller de un artista. Su tío también pintaba. Pero a pesar de estar rodeado de bastidores, desde pequeño lo cautivó la escultura. En 1922, con 21 años, el artista dejó su Suiza natal para viajar a París, a estudiar con el reconocido escultor Antoine Bourdelle. Y aunque rápidamente se decepcionó de su enseñanza, el contacto le sirvió para abrirse a un mundo que, hasta entonces, le había sido desconocido.

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Alberto Giacometti drawing in Schiers, circa 1917. Fondation Alberto et Annette Giacometti, Paris, inv. 2003-1574 © Alberto Giacometti Estate (Fondation Giacometti, Paris + ADAGP, Paris)

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Alberto Giacometti, 1920s

Untitled, 12/11/03, 2:53 PM, 16C, 3450x4776 (600+0), 100%, AIA repro tone, 1/50 s, R58.9, G46.8, B59.3

Alberto Giacometti and Rodin’s Model Carmen by Marion Walton, 1920s

♦ Antes de continuar con la vida de Alberto Giacometti conozcamos a su familia:

Familia Giacometti

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Ottilia, Bruno, Alberto and Diego, Stampa, 1910

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Giacometti famiiy, 1911. Das Bergell.

Su padre, Giovanni Giacometti (1868 – 1933)

Fue un pintor postimpresionista suizo. Sus primeros éxitos no llegaron hasta 1900, cuando expuso en Zúrich. Es en este momento que contrajo matrimonio con Anette. De esta unión nacerá su hijo Alberto, en 1901, seguido por Diego (1902), Ottilia (1903) y Bruno (1907), siendo esta su etapa de mayor plenitud, tanto en lo personal como en lo artístico.
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Giovanni Giacometti – ‘Annetta and Giovanni Giacometti’, around 1902-03

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Giovanni Giacometti, Piz Lagrev, um 1918 . Oil on canvas. 61 x 56 cm.

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Giovanni Giacometti, retrato de familia bajo el árbol más viejo. 1911

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Giovanni Giacometti y Annetta

Su madre, Annetta Stampa (1871-1964)

Su madre tenía el mismo nombre del pueblo aislado en la alta montaña donde vivía la familia. Fue a la vez afectuosa y autoritaria.

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Cartier-Bresson decía que la opinión de la madre de Giacometti contaba para Alberto, cuando ella opinaba que un cuadro estaba terminado. (© Henri Cartier-Bresson/Magnum Photos)

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Stampa, su pueblo natal, a unos kilómetros de la frontera italiana. (© Henri Cartier-Bresson/Magnum Photos)

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Henri Cartier-Bresson – Alberto Giacometti on his way to his Studio in Stampa, Grisons, Switzerland, 1961

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Giacometti house and atelier in Stampa. Alberto Giacometti. Traces d’une amitié. Photos by E. Scheidegger.

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Borgonovo en Val Bregaglia, un pequeño pueblo de montaña en el cantón suizo de los Grisones a dos kilómetros de Stampa, territorio alpino de habla italiana donde transcurrió su infancia y a donde luego retornó con su mujer Annette para acompañar a su madre en sus últimos años como un definitivo re-greso a sus primeros pasos de aprendiz en el estudio que tenía en Stampa su padre.

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Con su madre,  de 90 años entonces, en la casa familiar. (© Henri Cartier-Bresson/Magnum Photos)

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Alberto Giacometti mit seiner Mutter Annetta in Maloja, 1959, Sammlung E.W.K., Bern Foto: Eberhard W. Kornfeld

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Alberto Giacometti and his mother Annetta outside the house in Stampa, 1960, photographed by Ernst Scheidegger

Su hermano, Diego Giacometti (1902 – 1985 )

Fue un escultor y diseñador suizo. Artesano y colaborador suyo.

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Annette, Diego and Alberto Giacometti outside the studio in Paris

Su hermana, Otilia Giacometti (1903 – 1937 )

Murió tempranamente.

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Giovani Giacometti’s “Portrait of Ottilia Giacometti”

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Alberto with his sister Ottilia Giacometti,1923/24

Su hermano pequeño, Bruno Giacometti (1907 – 2012 )

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Der Architekt Bruno Giacometti in seinem Haus in Zürich, aufgenommen 1968. (Bild: Keystone)

Bruno Giacometti nació en Stampa, en el valle de Bregaglia (cantón Grisones), el 24 de agosto de 1907, y es el benjamín de los cuatro hijos de Giovanni y Annetta Giacometti. Estudió arquitectura en la Escuela Federal Politécnica de Zúrich.

En 1930 fue contratado por el estudio de arquitectura de Kart Egender de Zúrich, donde trabajó durante una decena de años, realizando, entre otros proyectos, los planos del Hallenstadion, el estadio de Zúrich.

En 1935 se casó con Odette Duperret, quien permaneció a su lado hasta su muerte. Murió a los 104 años.

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Single family House at Höhenweg. Chur, Graubünden, Switzerland; 1941-42. Bruno Giacometti (photographs by Ralph Feiner)

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via “Quaderni grigionitaliani, 77” (2008)
via “Schweizer Ingenieur und Architekt, 117” (1999)

Entre los principales proyectos de Bruno Giacometti figuran el pabellón de Suiza en la Bienal de Venecia (1952), los Institutos de Higiene y Farmacología de la Universidad de Zúrich (1960), el municipio de Uster (1965), el Museo de Historia Natural de Coira (1982), las viviendas para los empleados de la empresa hidroeléctrica en Vicosoprano y Castesegna (1956-1959) y las escuelas de Brusio (1962).

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Entre los edificios más destacados realizados por Bruno Giacometti figura el pabellón suizo en la Bienal de Venecia, construido en 1952. “Fue un encargo muy importante. Fue mi primer gran cometido después de la guerra, después de más de mil días de servicio en el ejército”, recuerda Giacometti.

“Hasta entonces los pabellones en Venecia estaban cerrados sobre sí mismos, no tenían una relación con la naturaleza que los circundaba. Yo traté de hacer un pabellón con un patio, con espacios abiertos y espacios cubiertos, un pequeño mundo sin vista al mar, para no distraer a los visitantes de las obras de arte”.

Cincuenta años más tarde el edificio de ladrillos y cemento armado sirve aún de vitrina del arte contemporáneo helvético en la ciudad sobre la laguna, aunque la mayor parte de los visitantes apenas lo nota.

“Hoy en día se construyen muchos museos de arte, pero mi impresión es que en estas pinacotecas la arquitectura prevalece sobre el arte”, sostiene Bruno Giacometti. “Para mí cuando un visitante sale de un museo y se le pregunta: ‘¿cómo es la arquitectura?’, su respuesta debería ser: ‘No lo sé, no la vi’. Obviamente, exagero un poco, pero esta es mi idea de una arquitectura en la que la función prima sobre la forma”.

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Bruno Giacometti hat seinen Weg der Architektur konsequent verfolgt. (Bild: NZZ / Christian Mathis)

Volvamos con Alberto Giacometti:

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Alberto Giacometti, circa 1930. © Centre Pompidou, MNAM / CCI, Dist. RMN-GP / image Centre Pompidou, MNAM / CCI © Mme Denise Boiffard

En París, alrededor de 1930, Giacometti comenzó a frecuentar a los surrealistas: Jean Cocteau, André Masson, el matrimonio Noailles… Un año más tarde se incorporará al grupo, y participará de sus actividades y publicaciones, hasta 1935, año en que lo expulsan. La razón: durante esos años Giacometti diseñó apliques de pared y joyas junto a uno de sus hermanos –Diego–, para los diseñadores Jean-Michel Frank y Elisa Schiaparelli, cosa que los surrealistas no aceptaron: lo vieron como una traición.

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Alberto Giacometti in the studiio at rue Hippolyte Maindron, 1927. Gelatin silver print on paper. Bündner Kunstmuseum, Coire, inv. 10245.000.2009 © Alberto Giacometti Estate (Fondation Giacometti, Paris + ADAGP, Paris)

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Con su mujer, Annette, con la que contrajo matrimonio en 1946. (1952, Keystone/© Henri Cartier-Bresson/Magnum Photos)

Durante la Segunda Guerra Mundial Giacometti se quedó en Suiza. Allí conoció a Annette Arm, con quien se casó en 1949. Ella fue una de sus modelos favoritas. Desde 1945 volvió a vivir a París. En paralelo, expuso en distintas galerías de Nueva York.

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Alberto and Annette Giacometti by Alexander Liberman, 1950

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Alberto Giacometti by Alexander Liberman in his workshop, 1951

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Alberto Giacometti by Ida Kar, vintage bromide print, 1954.

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Alberto Giacometti by Douglas Glass in his workshop, 1956/58

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Alberto and Annette Giacometti, Café Express, Paris, December 1957.

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Alberto Giacometti vor der Tür seines Ateliers in Paris, 46 Rue Hippolyte, Maindron, 1960
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Alberto Giacometti’s workshop by Herbert Matter

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En su estudio en Montparnasse, conocido entonces por ser un barrio de artistas en París. (1945-1946, © Henri Cartier-Bresson/Magnum Photos)

 Ateliers in Paris, 46 Rue Hippolyte, París

«Fue su taller pero también su refugio vital. No tenía más de 20 metros cuadrados. Sin electricidad, sin agua corriente más que un grifo junto al lavabo comunitario, con una cama, una mesa y un armario como único mobiliario».

Así describe Peppiatt, crítico de arte, el humildísimo lugar del que salieron algunas de las más maravillosas creaciones del arte contemporáneo.  Alberto Giacometti no tenía dinero ni para pagarse la mudanza a su taller, por lo que, junto a su hermano, tuvo que transportar sus enseres con una carretilla, con la que se recorrió prácticamente medio París.
Peppiatt trata de explicar por qué un pequeño agujero en el número 46 de la rue Hippolyte-Maindron de la capital francesa fue el lugar escogido por Giacometti para exprimir sus habilidades artísticas durante tres décadas, hasta su muerte:

«El taller fue su cueva. A Giacometti de niño le encantaba esconderse en las cuevas de los alrededores de su pueblo natal (…) Cuando nevaba iba a un lugar secreto, excavaba un hoyo en que sólo cabía él».

El propio artista solía recordar:

«Mi intención era extender una bolsa en el fondo del agujero, y me imaginaba que una vez dentro todo estaría caliente y oscuro; pensaba que eso me haría experimentar una gran sensación de bienestar».

Su taller fue su nueva cueva. Y por ella pasaron todos los surrealistas, los escritores tan queridos por Giacometti –especialmente Sartre, Genet, Beckett y Simone de Beauvoir, quien escribió de su anfitrión: «Para él bañarse es un problema. Y su casa realmente da miedo»– y, por supuesto, la actriz Marlene Dietrich, con la que tuvo un affaire. Allí, en esa cueva insalubre y hosca, el suizo desarrollaba su rutina diaria o más bien nocturna: solía crear a esas horas, debido al pánico que le tenía a la noche tras ser testigo de la muerte repentina de un amigo en sus años de infancia.

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Alberto Giacometti, Rue d’Alésia, Paris, 1961. Henri Cartier-Bresson

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Alberto Giacometti by Henri Cartier-Bresson, 1961

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Para simbolizar el hombre, Alberto Giacometti modela un personaje filiforme, cuyos miembros parecen extenderse sin límite. Este personaje irreal combina a la vez una extraña fragilidad y una sólida determinación. Impenetrable pero sin embargo intrigante, el hombre de Giacometti no posee ningún rasgo personalizado. Solamente viste de una piel extrañamente golpeada. De este modo y por esta falta de identidad en su rostro, el personaje ensalza el carácter universal del mismo, provocando en el espectador una intrigante fascinación. A través de esta escultura, el artista supo captar el momento decisivo de un hombre que revela en sí una fuerza basada en su propio impulso. El “hombre” de Alberto Giacometti no se hace preguntas, viene de algún lugar y se dirige hacia otro. Con un paso seguro, mirando hacia el horizonte, parece lanzarse a descubrir, comprender y seguir adelante, como si tuviera un objetivo que alcanzar. Su conciencia despierta, atraviesa el tiempo para observar el mundo. Sus pies, anclados en el suelo, le conectan inevitablemente a la tierra con la que se convierte en uno. Todo el ser es el que se mueve a través de una fuerza oblicua, hacia un futuro por crear.

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Alberto & Annette Giacometti and Saku Yanaîhara, 1961

En 1962 fue invitado a exhibir una muestra individual en la Bienal Internacional de Arte de Venecia, donde ganó el Gran Premio de Escultura.

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Alberto Giacometti con su mujer y su amante, Carolinne

Durante la última época de su vida, Giacometti tuvo como amante a una joven prostituta francesa, Carolinne, a quien conoció en 1959 en el bar “Chez Adrien”, cuando ella tenía 21 años. Carolinne aparece en varios de los retratos del artista.

Era conocido el gusto de Giacometti por las prostitutas y por frecuentar burdeles continuamente. Le llamaban especialmente la atención aquellas mujeres de personalidad fuerte: su madre, Annetta, su hermana Ottilia, su primera amante, Isabel Nicholas, su mujer, Annette Arm, y Carolinne, su última pasión. A todas las retrató en largas jornadas.

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Alberto Giacometti© Irving Penn (1965)

El escultor se alimentaba mal, bebía demasiado café y fumaba enormidades. Giacometti nunca salía sonriendo en las fotos, a pesar de haber tenido un excelente sentido del humor. Esto se debía al mal estado de su dentadura: era un fumador empedernido, y sus dientes lo sufrían. Por eso, posaba serio, ante las cámaras. Giacometti murió en 1966, debido a una insuficiencia cardíaca.

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Alberto and Annette Giacometti by Paola Salvioni Martini, 1963

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Trabajo obsesivo y tenaz

«Todo lo que yo pueda hacer no será nada sino una pálida imagen de lo que veo y mi éxito estará siempre por debajo de mi fracaso, o tal vez el éxito siempre igualará al fracaso.»

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«Al día siguiente era nuestra novena pose. Comenzaba a darme cuenta de lo que estaba haciendo Giacometti al observar la forma en que utilizaba los distintos pinceles y los colores que usaba. Aunque siempre sostenía ocho o nueve pinceles, nunca utilizaba más de tres: dos finos de pelo largo y punta alargada y redondeada, de pelo de marta, y otro más largo con la punta mucho más gruesa, corta y plana. Uno de los pinceles finos servía, junto con negro, para “construir” la cabeza, que creaba gradualmente mediante pequeñas pinceladas, unas obre otras. Después de trabajar un rato de este modo, sumergía el pincel en el plato de trementina y lo enjuagaba entre sus dedos. Entonces comenzaba a trabajar con el mismo pincel, pero utilizando pigmento blanco o gris. De esto deduje que comenzaba a trazar los contornos y el volumen de la cabeza, y también añadía luces. Pasado un tiempo, cogía otro pincel fino y comenzaba a trabajar sobre lo que ya había pintado, pero utilizando tan sólo pigmento blanco. Cuando esto ocurría, yo sabía que la cabeza iba a entrar en fase de “desintegración”. Después de cierto tiempo, entraba en juego el pincel más grueso, que manejaba de forma mucho más libre y fluida que los finos. Servía para definir el espacio situado al fondo y alrededor de la cabeza, para trazar los contornos de hombros y brazos y, finalmente, para concluir el proceso gradual de “desintegración”, eliminando detalles. Después, Alberto comenzaba a pintar de nuevo con el pincel fino, utilizando pintura negra, intentando crear desde la nada, por así decirlo, algún parecido con lo que tenía ante sus ojos. Y así proseguía, una y otra vez.»

(Novena sesión de trabajo del retrato de James Lord, septiembre de 1964. James Lord, Retrato de Giacometti, Madrid, Antonio Machado Libros, 2002)

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“Ciertamente, practico la pintura y la escultura, y esto, desde siempre, desde la primera vez que dibujé o pinté, para morder la realidad, para defenderme, para alimentarme, para crecer: crecer para defenderme mejor, para atacar mejor, para agarrarme con uñas y dientes, para avanzar lo más posible en todos los planos, en todas las direcciones, para defenderme del hambre, del frío, de la muerte, para ser lo más libre posible; lo más libre posible para intentar –con los medios que hoy me son propios– ver mejor, comprender mejor lo que me rodea, comprender mejor para ser lo más libre posible, crecer lo más posible, para gastar, para entregarme al máximo a lo que hago, para correr mi aventura, para descubrir nuevos mundos, para hacer mi guerra, por el placer (¿) por la satisfacción (¿) de la guerra, por el placer de ganar y de perder”.

Respuesta de una entrevista con Pierre Voldbout, “A chacun sa réalité”, en XXe siécle, junio de 1957.

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Alberto Giacometti a Stampa nel 1963 (Foto di Paola Martini / © Succession Giacometti Pro Litteris 2015)

50 años sin Giacometti

La vida y al obra de Alberto Giacometti es, como la de otros grandes artistas del siglo XX la historia de una obsesión. Eterno descontento con su trabajo, fue un artista magistral, capaz de hacernos sentir con la reducción temática de sus pinturas y esculturas la soledad del hombre y la mujer contemporáneos; lo que le suscitó el interés de los filósofos existencialistas, entre otros de Jean Paul Sastre y Simone de Beauvoir, con los que entabló una enriquecedora amistad.

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A pesar del éxito alcanzado con sus obras de madurez, toda su vida trabajó en el mismo pequeño y modestísimo estudio, que ocupó a los veintiséis años. Después de su etapa surrealista, en la que realizó esculturas con una gran carga de violencia y sexualidad, sus temas y sus modelos -no más de diez- fueron por decisión propia muy limitados. En escultura, la figura humana, especialmente la de un hombre de pie, rígido e inmóvil, con los brazos pegados al cuerpo, o caminando con pasos de gigante y una mujer de pie, junto a retratos de bustos y cabezas, además de algunos, pocos, animales. En pintura, naturalezas muertas, paisajes, desnudos, interiores-especialmente de su taller- y sobre todo retratos -generalmente sentados y hieráticos frente al espectador- de sus modelos habituales y de amigos y personalidades. Sus dibujos son más variados, ya que Alberto Giacometti fue un extraordinario dibujante y un copista compulsivo. Dibujaba sobre cualquier papel -la servilleta de un bar, las páginas impresas de un libro o una revista…- y no únicamente los destinados a ese fin, con lápiz, pluma, mina de plomo, tinta china negra o sepia, con bolígrafo azul. Una actividad, esta de dibujante, poco conocida, pero trascendental en el desarrollo de su arte, sobre la que dijo en una entrevista: «[…] creo que, ya se trate de escultura o de pintura, de hecho, lo único que cuenta es el dibujo. Si dominásemos un poco el dibujo, todo el resto sería posible». Toda su vida copió y reinterpretó las creaciones del arte de culturas desaparecidas y las de los artistas que más le impresionaron, como Van Eyck, Durero, Rembrandt, Cezanne y Van Gogh, artista que también le había interesado muchísimo a su padre.

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+info:

Fondation Alberto et Annette Giacometti

Alberto Giacometti. Ángel Llorente

Fotos: The Red List_Alberto Giacometti (1901 – 1966)

 

 

 

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