Alfred Stieglitz y Georgia O´Keeffe. El fotógrafo y la pintora.

Las fotografías que Stieglitz realizó a Georgia O’Keeffe se descubren al cabo del tiempo como un auténtico estudio del cuerpo de la mujer, pero también del cuerpo del artista y, sobre todo, del cuerpo de la mujer amada, cuya figura está representada con la magia y el erotismo que el fotógrafo proyecta sobre ella.

“Siempre que haya luz, se puede fotografiar”.
                                                     Alfred Stieglitz

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Georgia O'Keeffe and Alfred Stieglitz, unidentified date, unidentified photographer, Georgia O'Keeffe Research Center

Georgia O’Keeffe and Alfred Stieglitz, undated, unidentified photographer, Georgia O'Keeffe Research Center

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Alfred Stieglitz (1864-1946)

Hijo de inmigrantes alemanes, Stieglitz nace en 1864 y pasa su infancia en Nueva York, donde sus padres poseen una casa. En 1882, su padre decide vender la próspera empresa de confección que había creado y establecerse con su familia en Europa. Stieglitz sigue estudios de Ingeniería en Berlín, cuando descubre la fotografía en 1883 y se apasiona por este arte. De carácter resuelto y perfeccionista, hace todo lo posible, incluso estudia Química, por dominar perfectamente todos los aspectos técnicos.

La ciudad de Nueva York conoce a principios del siglo XX un formidable apogeo, propicio a la efervescencia intelectual y artística. Alfred Stieglitz , figura carismática, ocupará un lugar primordial en el surgimiento del arte moderno norteamericano. Su galería del número 291 de la Quinta Avenida, primero especializada en fotografía, se convertirá en el foco de la vanguardia artística europea a partir de 1908. Allí se expondrán dibujos de Rodin, Cézanne, Picasso y Matisse, antes del Armory Show de 1913, la primera gran feria del arte contemporáneo en los Estados Unidos. Este último evento atrae rápidamente a los artistas del otro lado del Atlántico, como Picabia o Duchamp: la vida artística en Nueva York sigue entonces un ritmo trepidante, las galerías comienzan a multiplicarse. Stieglitz y su grupo ya no están solos, pero siguen siendo la piedra de toque de las vanguardias, apoyando no sólo a Picasso, Braque, Picabia y Brancusi, sino también el arte negro y dadá, cuyos signos precursores anuncia la revista 291 inspirada por Apollinaire.

Al término de la Primera Guerra Mundial, Stieglitz se dedicará más intensamente a su pasión: la fotografía, a la vez que seguirá prestando su apoyo a autores de su época, entre ellos Arthur Dove, Georgia O’Keeffe y Charles Demuth. Su objetivo es la creación de un arte moderno típicamente norteamericano.

Stieglitz expone también sus propias fotografías. Los numerosos retratos que le realizó a su mujer, Georgia O´Keeffe, (imágenes que se conocen entre los críticos como los “retratos analíticos”) marcaron nuevos hitos en la fotografía por su proximidad sin falseamientos y por la búsqueda de una verdad objetiva a través de la “fotografía pura”. Encuentra una nueva inspiración en su relación con Georgia O’Keeffe y su arte conoce una auténtica renovación al final de la guerra. Entre 1918 y 1937, realiza un retrato analítico de su compañera. El rostro y las diferentes partes del cuerpo están detalladas en una libre expresión del deseo. Totalmente original por su forma, una sucesión de primeros planos, y por el erotismo que se desprende.

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Georgia O’Keeffe (1887-1986)

Pintora perteneciente a la Escuela Preciosista americana. Su infancia y adolescencia transcurrieron en un entorno rural. En 1905-1906 estudió en la Escuela de Arte del Instituto de Chicago, bajo la dirección de John Vanderpoel. En 1907 se trasladó a Nueva York, donde siguió las clases de la Art Student League y conoció el arte europeo (Rodin y Matisse) a través de sus visitas a la galería 291 de Stieglitz. En 1912 estudió en la Universidad de Virginia en Charlottesville.

Decidida a dar expresión visual a sus emociones, hizo abstracciones basadas en motivos naturales, durante los años 1915 y 1916. Éstas impresionaron a Stieglitz, que organizó su primera exposición individual en 1917; al año siguiente, O’Keffe volvió a Nueva York y se unió al grupo de artistas de vanguardia que se reunían alrededor de la galería 291. En 1924 se casó con Alfred Stieglitz.

Georgia O'Keeffe, con su colección de piedras por John Loengard

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Los biógrafos de Stieglitz señalan que éste conoció la obra de Georgia a través de una tercera persona que le mostró varios de sus cuadros. Stieglitz organizó sin el consentimiento de la pintora una exposición cuando aún no la conocía personalmente. Ella se enfadó mucho y solicitó la clausura inmediata de la muestra; pero para entonces su obra había tenido mucho éxito. Ese fue el comienzo de la relación artística y sentimental entre los dos que duró hasta la muerte del fotógrafo americano.

Stieglitz quiso defender la validez de la fotografía como medio de expresión artística, frente a los que la consideraban un simple medio de reproducción no exento de vulgaridad. Pero un único requisito ponía este fotógrafo: la autenticidad. Es decir, la fidelidad del propio fotógrafo con respecto a su trabajo.

Una fidelidad a sí mismo que, por lo demás, se lee con claridad en las fotografías de Georgia O’Keeffe en donde pone a la vista un espíritu profundo de exaltación al cuerpo de la mujer, como un cuerpo perfecto en el que confluye la belleza física y la belleza espiritual.

Resulta realmente apasionante ver como, desde la imperfección del cuerpo, consigue, no obstante, construir unas formas atractivas, tanto desde los retratos a distancia, como cuando nos muestra las diferentes partes del cuerpo de la mujer en un juego estético con desnudos sin rostro.

Muy sutilmente, pueden notarse también ciertas influencias surrealistas en este cuerpo de mujer, mezcla de una estética realista y una estética más soñada. Algo así como crear un puente entre el documento real y el sueño, a través de una pose que sabe guardar, al mismo tiempo, las apariencias de verdad y las de mentira.

En otras palabras, las fotografías que Stieglitz realiza de O’Keeffe, nos plantean el límite mismo de la realidad (de lo que es y lo que no es) y los límites de la fascinación (de lo que está y lo que, por el contrario, no está y se anhela). Tal es así que Stieglitz deja en evidencia que está seducido por ese cuerpo, por la mujer, por el arte, por la fotografía y por la recreación de las formas a través de la plasmación de espacios de seducción.






  



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fuentes:

Alfred Stieglitz: de la vanguardia al cuerpo de la mujer

Nueva York y el arte moderno. Alfred Stieglitz y su círculo (1905-1930)

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