Iannis Xenakis

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La figura de Iannis Xenakis será un fenómeno fascinante siempre que se estudie con detenimiento y preparación.

El arte y especialmente la música tiene una función fundamental que consiste en catalizar la sublimación que puede aportar con todos los medios de expresión. Debe dirigirse hacia la exaltación total en la cual se confunde el individuo, perdiendo su conciencia, con una verdad inmediata, rara, enorme y perfecta.

Iannis Xenakis

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Iannis Xenakis nació en Bráila (Rumania) en 1922 en el seno de una familia de ascendencia griega. Es, por ello, que en 1932 se traslada a vivir a Grecia. Desde su más temprana juventud, Iannis Xenakis fue especialmente sensible hacia la música que lo rodeaba: el folklore autóctono, el arte de inspiración bizantina, los grandes clásicos centroeuropeos. Y sin embargo, se matriculó en la Escuela Politécnica de Atenas para atender a su otra vocación: la ciencia. Su formación se vio bruscamente interrumpida por la Segunda Guerra Mundial (concretamente con la invasión de Grecia por los ejércitos italiano y alemán). El joven Xenakis participó activamente en la resistencia comunista sufriendo heridas muy graves en una acción bélica acaecida cuando la contienda tocaba a su fin. Además, fue capturado y sentenciado a muerte, escapando afortunadamente antes de que se hiciese efectiva dicha condena.

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Terminado el conflicto, Iannis Xenakis se traslada a París en 1947 adquiriendo la nacionalidad francesa, dispuesto a impregnarse de ciencia y arte a partes iguales. El inquieto espíritu de Iannis Xenakis necesitaba varios campos de acción para sentirse satisfecho. Así, formo parte del equipo de colaboradores del famoso arquitecto Charles-Édouard Jeanneret Le Corbusier (1887-1965) de 1948 a 1960, estableció estrechos contactos con Arthur Honegger (1892-1955), Darius Milhaud (1892-1974), el director de orquesta Hermann Scherchen (1891-1966) y, por encima de todos ellos, por afinidad de ideas, con Olivier-Eugène-Prosper-Charles Messiaen (1908-1992). Los primeros frutos de su inventiva no se hicieron esperar. En la esfera de la arquitectura, proyecto el convento de La Tourette (observando con meticulosidad los aspectos acústicos del edificio) y el Pabellón Philips de la Exposición de 1958 celebrada en Bruselas. En el ámbito musical, sorprendió a propios y extraños con sus experimentos con la música estocástica a partir de 1954: “Metástasis” para la que utilizó cálculos procedentes de sus trabajos arquitectónicos, “Pithoprkta”, “Terretêtorh”, etc… Además fundó la Escuela de Música Matemática y Automatizada en París en 1966, enseñando allí y en la Universidad de Indiana, donde fundó un centro similar.

Xenakis et Le Corbusier, vers 1955.

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Intenta conceptualizar sus reflexiones en diversos escritos, algunos de los cuales están recogidos en su libro “Musiques formelles”.

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En 1963 publicó Musiques Formelles (Música formalizada), posteriormente revisada, expandida y publicada en inglés como Formalized Music: Thought and Mathematics in Composition en 1971, y nuevamente ampliada y revisada para la segunda y definitiva edición de 1990; una colección de ensayos sobre sus ideas musicales y técnicas compositivas, considerada una de las contribuciones más importantes a la teoría de la música del siglo XX. En 1997 obtuvo el Premio Kyoto que concede Fundación Inamori, de Kyoto.

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Pionero del uso de la computadora en la composición musical algorítmica, Xenakis fundó en 1966 el EMAMu, conocido a partir de 1972 como CEMAMu (Centre d’Études de Mathématique et Automatique Musicales), instituto dedicado al estudio de aplicaciones informáticas en la música,donde un grupo de intelectuales y artistas empeñados en la realización y desarrollo de un saber humanista unitario, sobre la base de una perfecta armonía entre arte, ciencia y tecnología. Allí Xenakis concibió y desarrolló el sistema UPIC, que permite la realización sonora directa de la notación gráfica que se efectúa sobre una tablilla.

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En otro orden e cosas, Iannis Xenakis ha permanecido fiel a su compromiso político a favor de la libertad y la tolerancia, de ahí el mensaje ético de algunas de sus obras musicales.

IannisXenakis

En la obra de Iannis Xenakis, la música debe operar con los mismos instrumentos conceptuales con los que se construyen los modelos explicativos de las ciencias físicas, plataformas teóricas que intentan explicar débilmente lo que deviene de forma vertiginosa. Dicho lo cual, el mejor modo de comprobar la intención creativa de Iannis Xenakis no puede ser otro que el de acercarse a su música. Ante ella, más allá de consideraciones estéticas, el oyente se enfrenta a vastísimos espacios sonoros, cargados de fuerza expresiva delicadamente poéticos o violentamente brutales; en ellos no operan las claves de análisis procedentes de la música tonal, modal, serial… se trata de algo nuevo, distinto, se diría que algo así como un cosmos primigenio en estado de formación y desarrollo, que fluye aparentemente de forma casual, cuando en definitiva, ha sido construido por una mente matemática con intenciones artísticas.

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Iannis Xenakis se inicia con “Metástasis” (1953-1954) basado en los efectos producidos por una lluvia de glissandi en una orquesta de sesenta y un instrumentistas, cada uno con su parte individual, que dibujan literalmente manchas sonoras llenas de colorido. “Pithoprakta” (1955) es una obra concebida con toda la pureza del método estocástico en la que se mezclan diversos modos de atacar un sonido hasta formar diversos bloques sonoros, como nubes de sonidos que determinan la narrativa musical. “Achoripsis” (1965) es otro ejemplo de la aplicación exhaustiva del calculo de probabilidades, esta vez con un lenguaje más tradicional. “Duel” (1959) es toda una experiencia típicamente xenakiana, dos orquestas en plena pugna basada en la teoría de juegos y prevista hasta cierto punto por el compositor mediante un catálogo de posibilidades de acción sonora que los directores pueden llevar a la practica, siempre según los imperativos del dialogo musical. “Terretêtoh” (1965) y “Nomos Gama” (1967) se centran en la música espacial en sentido estricto, ya que una orquesta de mas de ochenta músicos se confunde con el publico para proporcionar una experiencia sonora personalizada.

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En las obras de índole pianística, Iannis Xenakis también ofrece obras de gran interés, entre las que deben subrayarse “Evry Ali” (1974), ejemplo de la vocación expansiva de su autor y “Herma” (1960), un viaje auditivo basado en células sonoras que se oponen constantemente. La inagotable imaginación de Iannis Xenakis le ha llevado a utilizar el piano en diversos cometidos, por ejemplo en “Eonta” (1964) para proporcionar un fondo de resonancias armónicas. También aparece el piano en algunas de sus grandes obras orquestales: “Synaphai” (1969) con una notación pianística muy original, pensada para lograr efectos rítmicos y tímbricos; “Erykhton” (1974) en la que el propio autor señala que ha de interpretarse sin tomar aliento, como si de un estallido se tratase; y la mas interesante desde mi punto de vista “Keqrops” (1986) en la que el lenguaje de Iannis Xenakis sin perder un ápice de su proverbial fuerza, se enriquece y diversifica con contrastes timbricos.

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Una de las constantes en las obras de Iannis Xenakis es su atención al universo sonoro de la percusión. En una actitud que tiene difícil parangón con otros compositores coetáneos, se diría que Iannis Xenakis nos toma de la mano y nos muestra todo lo que se puede hacer y expresar con las percusiones; quizás la mejor introducción a este tipo de obras sea: “Pléïades” (1979). Aunque si bien es cierto los críticos suelen destacar “Persephassa” (1970) concebida sobre la diversa configuración de tres grupos de instrumentos en constante juego, o “Psappha” (1976) para un solo instrumentista, y una obra de excepcional virtuosismo. “Okho” (1989) completa este peculiarísimo apartado creativo.

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+info:
1.- MÚSICA Y ARQUITECTURA:  EL CASO DE XENAKIS Y LE CORBUSIER. filomusica
2.- MONASTERIO DE LA TOURETTE (1957-1960) _ Le Corbusier. HASXX
 
 
 
 

Un pensamiento en “Iannis Xenakis

  1. Pingback: CIEN | circARQ

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