La esencia de la arquitectura

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Can Lis

“Todo ello implica entender la vida desde un saludable sentido común: un entendimiento del andar, del estar de pie, de sentarse y del estar tumbado cómodamente; del disfrutar del sol, de la sombra, del agua que corre sobre nuestros cuerpos, de la tierra y de todas aquellas sensaciones difíciles de definir.”

Jorn Utzon, La esencia de la arquitectura, 1948

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HISTORIAS DE CASAS

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Photo: Torben Eskerod

La Casa de Lis

A su regreso de Australia, Utzon paró en Mallorca. No es difícil imaginar que, tras las tribulaciones de su experiencia en Sídney, encontrase en la luz de la isla y del mar Mediterráneo una ventana a la paz que necesitaba.

Y no es difícil porque al poco de llegar compró un terreno en Portopetro, al borde de un acantilado sobre el mar donde construiría su casa de verano.

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Terminada en 1971, la llamó como a su mujer: Can Lis, la casa de Lis.

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Construida con la piedra local del marés, con técnicas y recursos tradicionales, pero con la forma y la jerarquía propia del conocimiento moderno. Se compone de varios pabellones separados pero articulados entre sí mediante una serie de tapias traseras, un paso central y una explanada delantera.

A la casa se accede desde un paso a través de un pequeño pinar donde lo primero que nos encontramos es una sucesión oblicua de paredes ciegas, porque las piezas están prácticamente cerradas a la parte posterior, pero cada una de ellas se abren al horizonte en un precioso juego de huecos abocinados; troneras contemporáneas que atrapan la luz y el mar.

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Utzon y su familia pasarían allí periodos de tiempo que se harían cada vez más largos a medida que Jørn y Lis se iban haciendo mayores, hasta que en 1994 se marcharon de Can Lis para trasladarse a una nueva casa que el arquitecto había construido en el interior.

La formidable luz, el viento y la humedad empezaban a ser molestos para una persona que ya había cumplido los 70. Además, y a pesar de que el propio Utzon negaba que le supusiese un inconveniente, la casa se había convertido en un centro de peregrinaje para arquitectos, artistas e incluso turistas convencionales.

Porque aun con materiales tradicionales, con un color y un tamaño que la hacían casi invisible entre el paraje y las construcciones cercanas, la casa era única.

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Casa Feliz

Pueden ustedes dar por válido la afirmación de Utzon cuando decía que las constantes visitas a Can Lis no solo no le importunaban, sino que le enorgullecían, pero lo cierto es que en el momento de la construcción nunca llegó a revelar por completo la localización de su nueva casa.

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Después quizá no le hizo falta.

A varios kilómetros en el interior de la isla, levantó una casa con una amplia terraza con vistas a ese mar Mediterráneo que decía le había sacado de Can Lis.

Una terraza con vistas como tenían las casas tradicionales de la zona.

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Una casa construida en torno a un patio, como las casas tradicionales de la zona; con suelos y fachadas de la misma piedra del marés que tenían las casas tradicionales de la zona; con cubierta inclinada a dos aguas, como las casas tradicionales de la zona; con la teja de las casas tradicionales de la zona; con la forma de las casas tradicionales de la zona.

Una casa que ahora sí, se parecía a las casas tradicionales de la zona.

La llamó Can Feliz, la Casa de los Feliz.

A los 75 años, Utzon decidió renunciar al gesto y al símbolo, a la imagen y a la relevancia para ganar lo que llevaba buscando desde hacía casi treinta años.

Allí, junto a Lis, pasó la mayor parte del tiempo hasta que tuvo que volver a Copenhague a finales del verano de 2008.

Allí recibió la noticia de que se le había concedido el Premio Pritzker en 2003.

Y allí escuchó la llamada de la dirección de la Ópera de Sydney donde, en una suerte de acto de reconciliación, le pedían que reformase alguno de los interiores para dejarlo tal y como él lo había concebido en su momento. Utzon llevó a cabo este encargo desde 1999 hasta 2004 junto a su hijo Jan. La Ópera de Sídney renombró el espacio como la Sala Utzon.

En una entrevista, el arquitecto se refirió a ella de la siguiente manera: “El hecho de que haya sido mencionado de una manera tan maravillosa me proporciona el mayor placer y satisfacción. No creo que se me pueda dar una mayor alegría como arquitecto del edificio. Sobrepasa cualquier medalla de cualquier tipo que pudiera recibir o haya recibido”

Utzon sentado en una silla de mimbre, con unas Adidas viejas. Mirando al mar en una terraza de la casa feliz.

La casa feliz Publicado por 

2 pensamientos en “La esencia de la arquitectura

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